Salvatore (7ª parte)

Sin pérdida de tiempo y ajenos al peligro nos pusimos a correr por la inundada ribera siguiendo el curso del río. Éste, con un caudal diez veces superior a lo normal, bajaba velozmente valle abajo, arrastrando todo lo que se interponía a su paso. Nuestro amigo había sido arrancado y arrastrado materialmente dentro de la tienda y a duras penas había podido asirse a un tronco que por suerte pasaba por allí. Por fortuna, el curso no era recto y bajaba en pronunciados meandros que ralentizaban en buena parte el discurrir del río, por lo que no nos fue difícil tomarle la delantera. Unos quinientos metros más abajo un tremendo árbol había sido derribado y permanecía atravesado a lo ancho del cauce, permitiéndonos pasar a través de él esperando la llegada de nuestro amigo. Era una maniobra muy peligrosa pues continuaba lloviendo y el río crecía rapidísimamente. En cualquier momento podía arrastrar el árbol, tragarnos a todos y acabar para siempre con las esperanzas de nuestro amigo. Con las cuerdas a ras de agua divisamos a lo lejos el tronco al que venía asido nuestro compañero. Le hicimos señas para que estuviese preparado y en el momento oportuno soltase el tronco y se agarrase fuertemente a las cuerdas. Al final todo fue bien y salió como esperábamos. Nuestro amigo, con la cara totalmente desencajada y llorando desconsoladamente se abrazaba a nosotros sin creerse todavía que estuviese a salvo. Hoy pienso que tuvimos una gran suerte y que desde ese día el contacto con el agua me produce un temor enfermizo. Paradojas del destino: Salvatore me ha salvado ya dos veces de perecer ahogado.

* * *

Esa noche me quedé con él en la cueva. Al anochecer y cuando me disponía a regresar a la otra parte de la isla, Salvatore, adivinando mi intención, me llevó a una estancia en la que había pieles en el suelo a modo de camas y me dio a entender que podía disponer de ellas, puesto que era su invitado. No protesté, pues sabía que el regreso sin luz y sin conocer la isla sería muy peligroso. Me acosté y me cubrí con las pieles. Me quedé dormido casi al instante.

El cementerio

Me despertó Salvatore cuando estaba amaneciendo. Aún me estaba desperezando cuando me cogió del brazo y, casi arrastrándome, me sacó de la cueva. El sol empezaba a abrirse paso por el horizonte y la vista era de una belleza extrema. Un precioso tono rosáceo con tintes de lila y malva dominaba el paisaje. Cuando el sol salió, los tonos, ligeramente fríos, fueron tornando hacia el naranja y el ocre. El mar, de un turquesa profundo en la playa, se iba mezclando con tonos prusia y marinos conforme te acercabas al horizonte, volviéndose violetas donde el mar deja de ser mar y el cielo deja de ser cielo.

Después de caminar por espacio de unos diez minutos llegamos a un amplio claro que al parecer había sido ganado a la vegetación reinante. Se notaba que los árboles habían sido talados toscamente y los matorrales y hierbas cuidadosamente eliminados. No había construcción ninguna ni nada que hiciese prever la razón por la que Salvatore me había traído hasta aquí. Se detuvo y me miró a los ojos como queriendo decirme algo. Me miraba a mí y acto seguido miraba al claro. Gesticulé con las manos para decirle que no le entendía. Me cogió de la mano y entramos en el claro, muy despacio, como si bajo nuestros pies hubiese minas antipersona. Conforme avanzábamos pude comprobar que había unos pequeños montoncitos de piedras a intervalos de unos cuatro o cinco metros, circundados por unos círculos concéntricos, también de piedras, un poco mayores. Calculé a ojo la superficie del claro y convine que debería tener una media hectárea más o menos, pero todavía no entendía lo que significaban los montones de piedras y las divisiones que había entre ellas. Al llegar aproximadamente al centro del claro se detuvo y se arrodilló al pie de una de las ¿parcelas? Permaneció en esta posición unos minutos y luego se levantó. Con el dedo señaló la parcela que estaba a nuestros pies y después llevó con mucho cuidado la mano a su frente y después al corazón. Sus ojos cogieron un brillo vidrioso y se tornaron tristes, pero no lloró. Separó su mano del corazón y con ella abierta delimitó todo el claro para volverla a poner acto seguido otra vez en su corazón. Me miró a los ojos y esperó mi reacción. En un principio no comprendí pero poco a poco fui cayendo que todos esos gestos corporales no podían significar más que una cosa: Nos encontrábamos en un cementerio. En su cementerio.
 


Tags:

Comentarios :

Imagen de karmen

Re: Salvatore (7ª parte)

¿sabes Javier? esta frase me parece tan descriptiva, tan hermosa...

""El mar, de un turquesa profundo en la playa, se iba mezclando con tonos prusia y marinos conforme te acercabas al horizonte, volviéndose violetas donde el mar deja de ser mar y el cielo deja de ser cielo""

Lo sigo diciendo, haces que las palabras VIVAN por si solas..
Gracias...Bicos...

Imagen de karmen

Re: Salvatore (7ª parte)

Sin duda ser pintor ayuda para hacer esas descripciones fantásticas... pero hay que saber "expresarlo" y tú sabes.. y siiiii, me he pasado por el Corte.. y te diré q me ha gustado, hay una gran calidad en muchos de los trabajos expuestos. El tuyo, ¡¡chapeuau!! ..Bicos..

Imagen de karmen

Re: Salvatore (7ª parte)

Disculpas, Javier... quise decir TUS cuadros (que tenias dos)....no sabría con cual quedarme... Bicos

Imagen de Melip

Re: Salvatore (7ª parte)

Gracias Javier por seguir manteniéndome atada a la lectura de tu relato. Felicidades y besotes.

Imagen de igancio

Re: Salvatore (7ª parte)

Todo un placer el poder entretener a lectoras tan "fieles" como tú, Melip. Un besote.

Imagen de igancio

Re: Salvatore (7ª parte)

Gracias, Karmen, siempre tan atenta. En esa frase, precisamente, ayuda mucho el ser aficionado a la pintura ¿no crees?

Seguiré compartiendo mis humildes -aunque orgullosos- trabajos con vosotros siempre que estéis dispuestos a leerlos.

Otro beso para tí.

P.D. ¿Has pasado ya por El Corte Inglés?

Imagen de igancio

Re: Salvatore (7ª parte)

Nada que disculpar, Karmen. He entendido que ha sido un pequeño lapsus que, por otra parte, no tiene la mayor importancia.

Otro biquiño para tí.