Salvatore (4ª parte)

Segundo contacto con Salvatore

El descenso parecía ser más complicado de lo que había previsto en un principio, pues en esta parte de la isla las rocas dominaban sobre el resto del paisaje. Con mucho cuidado y asegurando bien mis pasos, fui bajando poco a poco para sortear las últimas rocas que me separaban de la orilla. La niebla había quedado muy arriba y conforme se iba aclarando, el sol volvía a ser protagonista y la temperatura subía rápidamente. Pronto me encontré sudando de nuevo por el esfuerzo que suponía el sortear continuamente las cortantes y puntiagudas rocas. Atravesaba ahora una pared vertical con pequeños salientes que me permitían avanzar, aunque con mucha cautela. Miré hacía abajo y pude ver, unos diez o quince metros más abajo, cómo las olas azotaban la pared una y otra vez, cadenciosamente y sin descanso. Estaba ya muy próximo a lo que parecía la zona más habitable y cómoda cuando de repente uno de mis pies cedió a un apoyo y me precipité al vacío.En apenas dos segundos choqué con la superficie agitada del agua. Por suerte, la zona estaba libre de rocas y la profundidad en ese lugar era más que suficiente para no impactar con el fondo. Pero no todo fueron buenas noticias porque debido a la violencia del golpe perdí parte de la consciencia y a pesar de que intenté nadar hacia la orilla las fuerzas me fallaban. El agua empezó a entrar en mis pulmones y en un abrir y cerrar de ojos empecé a hundirme camino del fondo. Fueron unos segundos dramáticos. Mi mente se resistía a acabar de esta manera y lanzaba estímulos a las extremidades para que éstas lucharan y no se resignaran, pero parecían haberse declarado en rebeldía porque no obedecían ni movían un solo músculo. Los segundos angustiosos dieron paso a otros de relax y cuerpo y mente se prepararon para lo que parecía inevitable. Llegué al fondo. Mi mente quiso traerme antes de apagarse un último recuerdo.

Estaba con estos pensamientos cuando noté que me cogían del pelo y tiraban de mí hacía la superficie. A pesar del estado de semiinconsciencia en que me encontraba pude apreciar que algo o alguien me arrastraba hacia las rocas bajas con el fin de sacarme del agua. Perdí el conocimiento.

Abrí los ojos. Los rayos del sol incidieron de lleno sobre la retina y tuve que cerrarlos casi totalmente. Enfrente, entre el sol y yo, podía adivinar la figura a contraluz de lo que parecía un rostro humano. No distinguía sus facciones pues la fortísima luz parcialmente tapada por su cabeza me lo impedía, pero tenía el cabello muy largo y rizado. Tan pronto como pude abrir más los ojos la figura se apartó de mí de un salto y se colocó a una prudencial distancia, agachada y expectante. Me incorporé sobre mis brazos y le miré detenidamente. Ahora podía verlo con más claridad.

* * *

Cierta mañana de un día de los que solíamos pasar en la costa cuando llegaba el verano, mis padres me llevaron a la playa. El día era caluroso y la playa estaba muy concurrida. Los niños se entretenían jugando en la arena y haciendo sus clásicas construcciones de castillos mientras los padres conversaban animadamente. Cuando llegó la hora del baño nos dirigimos hacia la orilla. Allí, metidos hasta las rodillas, mis padres charlaban animosamente con sus amistades, ojeando de vez en cuando mis evoluciones con el flotador, que yo orgullosamente estrenaba ese día. Tendría por aquél entonces unos seis años y para mí, intrépido y atrevido donde los hubiera, nada entrañaba peligro ni merecía la más mínima precaución. Me fui metiendo con el flotador fijado a la cintura hasta sobrepasar la línea donde estaban mis padres. En unos instantes mis pies dejaron de tener contacto con el fondo y el flotador hizo su función a la perfección, manteniéndome a flote mientras, con los pies, chapoteaba con energía intentando que los mayores se fijasen en mí. Ellos me miraban y se reían encantados, volviendo de inmediato a sus conversaciones. Llevaba ya un buen rato con esta práctica cuando en una desafortunada maniobra el flotador se giró y quedé sumergido de cintura para arriba, mientras mis pies se agitaban nerviosamente fuera del agua intentando llamar la atención de mis padres. No sé el tiempo que permanecí en esta apurada situación. Tal vez fueron tan sólo unos segundos pero ya me había cansado de darle a los pies y me resignaba a que nadie iba a acudir en mi auxilio como hasta ahora siempre habían hecho. La fortuna estuvo de mi lado. De tanto agitarme el flotador volvió a su posición inicial, con lo que mi cuerpo y mi cabeza salieron del agua y mis piernas pasaron a ocupar su lugar. Tosí congestionado y expulsé el agua que había tragado. Mis padres seguían conversando y riendo ajenos al drama que se había producido a apenas unos metros. A raíz de este suceso me volví más precavido y cauteloso.

(Continuará)


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Re: Salvatore (4ª parte)

Javier, tardas muuuucho en poner los capis nuevos...nos hacen "rabiar"..jeje... pero has conseguido engancharme!!..Esperamos la próxima entrega... Bicos

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Re: Salvatore (4ª parte)

Gracias Javier ... espero el siguiente capítulo con impaciencia ..... Besotes.

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Re: Salvatore (4ª parte)

Karmen, he estado de vacaciones desde el 15 de agosto al 15 de septiembre. En ese tiempo, evidentemente, me ha sido imposible enviar los capítulos correspondientes. Otras veces, a pesar de enviar el capítulo puntualmente, la administración, por la causa que sea, no lo publica y está varios días o semanas esperando turno.

Espero que a partir de ahora el comprimiso que había adquirido en un principio de publicar una entrega cada semana pueda llevarse a cabo.

Gracias por tu interés y hasta la 5ª entrega.