Un Mal Intermediario

En mi país, existen intermediarios para casi cualquier diligencia que se quiera realizar. En algunos casos aislados resultan ser de gran ayuda, llevando todo por buen camino y obteniendo buenos resultados. Las más de la veces el intermediario es ágil y conocedor, pero no busca el beneficio del cliente sino el propio, o es lento y despistado entorpeciendo el proceso y llevando la diligencia al fracaso. Cualquiera de estas condiciones del intermediario se cumplen hasta en la diligencia más simple, a juzgar por esta pequeña historia.Caminaba por una congestionada avenida a la hora del medio día, hacía un calor intenso, quería tener un helado en mis manos, pero era domingo y casi todo estaba cerrado, incluyendo las heladerías. Recordé un pequeño mercado que posiblemente estaría abierto y me encaminé hacia él. Algunos metros adelante me encontré con un semáforo en rojo, me quedé en la esquina a la espera del cambio a verde. Fijé mi mirada en el separador en frente mío, allí jugaba un niño, se divertía sometiendo sus sofiticados automóviles a las más intesas carreras, algunas veces ganaba la pequeña roca que tenía en su mano derecha, y otras el pedazo de tronco empuñado en su mano izquierda. De su boca brotaba un poderoso sonido de acelerador a fondo que se mantenía aún en curvas pronunciadas y pendientes relativamente altas. No aguantarán los motores si continua acelerando a ese ritmo, pensé y sonreí luego.

Varias veces cambió el semáforo de rojo a verde y visceversa, yo permanecía concentrado en la emocionante carrera, contemplaba el rostro del niño que disfrutaba este improvisado juego. Cuando crucé la calle regresé la vista atrás y la carrera aún no terminaba, los motores aún resonaban con fuerza, los autos en cada mano se movían velozmente de un lado a otro en el separador.

Una vez en el mercado mi anhelo era otro, ya no era aquel helado digno de mi búsqueda, quería encontrar dos poderosos autos de juguete a buen precio. Después de preguntar en algunos almacenes compré dos jeep explorer último modelo y me encaminé hacia el separador. Ya muy cerca noté que un auto se había retirado de la competencia, sólo quedaba en marcha el pedazo de tronco, el niño se veía fatigado, el sol del medio día y el enérgico movimiento habían hecho sus efectos.

A unos cuantos paso del niño se hallaba una joven mujer morena que pedía monedas a los transeuntes y conductores de autos. Era la madre del pequeño. No quería que el niño supiera que un extraño le había regalado los nuevos bólidos de competencia, decidí utilizar a su madre como intermediario para que así quedara grabado en la memoria del pequeño como un regalo de su buena madre. Me acerqué a la joven y en voz baja le dije que tenía un regalo para su hijo pero qería que ella se lo entregase, sonrió complacida, dió las gracias y regresó a pedir monedas en el separador. Yo quería presenciar el momento en que su madre le diera la sorpresa, crucé la calle y esperé guardando la distancia. Pasaron algunos minutos y mi intermediario no actuaba, decidí regresar y motivarla, muy cerca de ella señalé el niño y con cara de ruego sonreí, ella también sonrió y levantó su mano para hacerme entender que esperara un poco. Su rostro pudo expresar claramente lo que pensaba: “no voy a entregar estos juguetes nuevos al pequeño para que los destruya en un parpadeo, puede usted retirarse señor”. Sentí una gran desilusión, el intermediario tenía los juguetes en sus manos y no los entregaría, la próxima competencia sería de nuevo entre la roca y el tronco. Empecé a alejarme lentamente con gran desánimo, entonces pude escuchar lo que mi intermediario le decía a una conocida que se le acercaba en el momento: mira lo que me han regalado.


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Re: Un Mal Intermediario

Goldmundo, tu historia es muy interesante. Me ha gustado mucho leerla. Saludos. Melba