Excursión al paraíso

Este texto relata vivencias de una pareja, el ámbito donde se desarrolla es en las Cataratas del Iguazú, Argentina.Transcurría el mes de febrero de 1998, y nuestro equipaje estaba listo para
partir rumbo a Cataratas del Iguazú. Con dolor dejamos a nuestra pequeña
Sabrina en Ramírez con su abuela, para viajar, porque nos pareció muy
peligroso el lugar donde íbamos a ir de paseo.
Tuvimos que abordar el micro en la ciudad de Santa Fe porque éramos los
únicos de Entre Ríos que viajamos.
Partimos hacia nuestro destino tomando la ruta hacia el norte de la provincia de
Santa Fe, cruzando luego por el puente de Resistencia (Chaco) a Corrientes;
que nos pareció hermoso y conocimos parte de la provincia de Chaco que
nunca habíamos ido, al pasar por Corrientes transitamos calles que
habitualmente el micro no recorría debido a que estaban en época de carnaval
y había calles cortadas por tal acontecimiento. Seguimos con nuestro trayecto,
dormimos y cuando nos acordamos estábamos en la provincia de Misiones,
deleitándonos de los paisajes que nos ofrecía. Pasamos por la Ruinas de San
Ignacio, y nos guiaron por sus instalaciones para conocer su historia. Después
nos dirigimos a las minas de Wanda: donde nos encaminamos a las minas
abiertas, observamos los pozos de donde provenía las piedras semipreciosas
que luego con todo un proceso llegaban a convertirse en preciosas. Visitamos
el negocio de los recuerdos y objetos elaborados con ellas, donde nos
regalaron pequeñas porciones de piedras semipreciosas. Continuamos nuestro
viaje. Luego el guía de turismo nos dijo que miráramos hacía nuestra izquierda
y podríamos ver donde se dividían los ríos y la triple frontera. Seguimos
viajando y al poco tiempo nos encontramos en Foz de Iguazú, cerca a la
frontera con Brasil, pues nos alojamos del lado brasilero.
Al llegar al hotel, nos presentamos en la conserjería para hospedarnos. Nos
dirigimos a nuestra habitación para descansar y dejar nuestras pertenencias.
Luego bajamos y el guía nos previno de las salidas solos, para que tomáramos
recaudos debido a la inseguridad al ser turistas de otro país, y aconsejarnos las
calles que debíamos tomar para recorrer el lugar. Cosa que siempre que
salíamos era en grupo, nos hicimos de amigos con dos parejas, y recorrimos
siempre juntos la ciudad.
La idea nuestra de este viaje era tener un relax para poder encargar a nuestro
segundo/a hijo/a; y como segunda luna de miel. Y tal cual como lo pensamos,
se nos hizo, pero con una sorpresa que no nos imaginábamos que iba surgir de
dicho viaje, que luego narraré.
Un día nos llevaron de tour a las mismas Cataratas, no iba tan entusiasmada
como mi esposo, pero el ver la bruma desde lejos, la vegetación me fui
maravillando con la naturaleza que nos rodeaba. Al llegar al lugar poco a poco,
iba quedando sorprendida por los colores de las flores y mariposas, y por ese
animalito tan llamativo que se acercaba a las personas, a veces husmeando en
algún bolso de alguna turista distraída por todo aquel paisaje: el famoso coatí ,
pequeño ladronzuelo de comida. Seguimos por nuestro itinerario, pasando
puentes, con arroyos de agua tan fresca, arbustos con verdes de colores
variados, flores colgando de los árboles: orquídeas y otras tantas especies.
Pasamos por pequeños saltos que provenían de brazos del río principal, ver
esas cascadas, preguntarse de donde venía semejante cantidad de agua, ver
las aves que revoloteaban cerca de los árboles, la variedad de especies de

mariposas dejaban a la vista de ese lugar en un perfecto paisaje. Hasta que
llegamos al final de la vía peatonal y nos acercamos a un pequeño muelle para
llegar a la famosa “GARGANTA DEL DIABLO”, la corriente en esa parte del río
era contraria a la corriente principal del cauce. Igualmente los nervios
invadieron a todo pasajero del bote, teníamos salvavidas por seguridad.
Arribamos a la pequeña isla al lado de la garganta del diablo; el ver la magnitud
de dicho espectáculo, produjo una emoción diferente y maravillosa a todos en
aquel lugar, por supuesto que cada uno lo expreso de una manera diferente,
ese cielo, ese río tan majestuoso e imponente, ahí al lado nuestro estaba el
cuadro más sublime de la naturaleza; en ese momento comprendí la grandeza
de nuestro Dios, una de las cosas más preciadas de nuestra creación estaba
frente a nosotros: la naturaleza, la corriente del río tan caudaloso con sus
saltos tan particulares, y los arco iris que casi llegaban a cerrarse ahí donde
fluía el río, todo esto desde el lado argentino.
A la vuelta antes de partir al hotel, nos dejaron unas horas libres para hacer
otros tours dentro del parque. Fuimos al zoológico donde vimos: aves,
flamencos, tucanes, etc. Hicimos un safari por la selva: nos trasladaron en un
camión militar, por un camino rodeado de árboles y diferentes vegetaciones:
orquídeas de las más diversas, en colores y formas, abundaban en ese lugar,
también había arbustos de aralias ( que más que arbustos eran árboles
enormes). Llegamos hasta un sendero por el cual tuvimos que descender
caminando, era estrecho, y en ciertos lugares muy pronunciadas las bajadas,
con muchas piedras, y partes resbaladizas; hasta que llegamos cerca de la
orilla del río. Subimos a un bote inflable, la joven, amiga nuestra, se sujeto
fuerte de la manijas y le pedía a su marido que la sujetará por cualquier cosa,
siendo que nos pusieron salvavidas. De ahí nos dirigimos hacia los pequeños
rápidos que aparecen naturalmente después de saltos importantes de agua,
proseguimos con nuestro recorrido hasta que llegamos a casi dos metros de
algunos de los saltos más importantes de las cataratas, por supuesto que nos
mojamos enteros.
Desde uno de los puentes uno de nuestros amigos que tenían nuestra cámara
nos sacaron fotografías hasta llegar a nuestro destino: que luego nos
esperaron en nuestro punto de encuentro, en un pequeño muelle donde caía
semejante afluente. Subimos por senderos hechos por el hombre con
escalinatas y puentes.
Después nos llevaron de regreso al hotel. Exhaustos por el paseo, al llegar nos
bañamos, descansamos unos minutos y nos dispusimos a cenar. Salimos a
caminar y a comer un rico helado.
A la mañana siguiente nos preparamos para ir a las cataratas del lado
brasilero: este lado es una compañía privada que se encarga de tener otras
alternativas de atención al turista. Para ir a un cierto lugar había ascensor que
te conducía hasta un punto de altura para que observes desde una plataforma
la vista de la garganta del diablo desde cerca pero desde abajo, no como el
lado argentino; además podías ver entre los hierros de la plataforma el agua
correr debajo nuestro; nos encaminamos hacía otra zona donde había puentes
que te acercaban también a este lugar antes mencionado, desde otra
perspectiva, observamos muchos coreanos o japoneses, alemanes y otros

turistas extranjeros con cámaras fotográficas y de video. Este lado nos ofrecía
una vista diferente de los saltos, en cambio la Argentina tenía más naturaleza
para recorrer y disfrutar.
Otro día nos llevaron a la Represa de Itapé, la represa más grande del mundo,
por ejemplo uno de los datos más importantes de este lugar es que una de las
compuertas es similar a la potencia de muchos saltos juntos de las cataratas.
Nos quedamos sorprendidos por la tecnología aplicada en dicha construcción,
elaborada por ingenieros alemanes. Además nos detallaron otras referencias
del lugar.
Visitamos el Paraguay: Ciudad del Este, de día para hacer compras y conocer
la ciudad. Una noche fuimos al casino de Ciudad del Este donde aposté algo
de dinero: y como buena principiante, y al ver tantas fichas ganadas y sin saber
su valor monetario, seguí apostando, mi marido al ver que se acercaba gente a
la mesa de la ruleta miró hacia ella y contempló la emoción que brotaba de mis
ojos por lo bien que me iba: cuando me dijo lo que valían las fichas monetaria
mente, había ganado mucho y cuando me quedaban unos $30, me dijo: - No
sabías que tenías aproximadamente como $70; yo le respondí que no sabía el
valor y por la emoción no me imaginé cuanto podía haber tenido.
Seguidamente el me propuso: -apostémosle, deja que yo elija el número. Pues
que hizo apostó a un número los $30 y por supuesto que los perdió. Me agarré
la cabeza y… bueno dejémoslo ahí. Fue una experiencia linda y entretenida,
que después nos reíamos de ese momento.
Pasamos unos días fantásticos: lleno de emociones, satisfacciones, de amor, y
situaciones interesantes en el marco de la naturaleza.
Bueno mi relato está culminando, y con un final muy feliz, ¿que feliz?, me
quedo corta con esto, excepcional.
Ya de regreso a nuestro hogar, cuando llegamos a las ruinas de San Ignacio
hicimos la parada para almorzar, y le digo a mi esposo que no me sentía muy
bien, que estaba con nauseas, me responde: -tal vez debe ser todo lo que
hemos comido durante todo el viaje; nos sentamos en la mesa llamamos al
mozo pedimos el plato de comida y la bebida, cuando llego la hora todos
estábamos servidos cuando de repente percibo el olor a la costeleta a caballo (
costeleta con huevo frito y papas fritas), y fue la gota que rebalsó el vaso: salí
derecho al baño y… bueno tuvo que suceder. Ahí en ese momento le advertí a
mi esposo que estaba con un retraso de varios días, nuestra amiga me dio una
pastilla para nauseas y vómitos, y él me dijo que no me ilusione. Pero como
buena mujer que en esos casos la intuición es todo: supe que sí estaba
embarazada.
Parece que esa excursión al paraíso ya la había transcurrido, pues el relax lo
tuvimos antes, el haber viajado con la ilusión de concebir un bebé, fue
hermoso. Pero el muy sinvergüenza disfrutó todo el viaje con nosotros y su
hermana estaba lejos y muy triste. Igualmente el lugar tan propicio para gozar
de todo lo que nos rodeaba en ese sitio tan paradisíaco, nos invitó a amarnos
más de lo que nos amamos, y a deleitarnos de ese paraíso tan inigualable que
son las Cataratas y la selva.


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