¿Desván o paraíso?

La verdad, no sé por qué alguien cuando es castigado con ir al desván se rasga tanto las vestiduras. En serio, no lo entiendo. El caso es que a mi me encanta ese olor que desprenden los desvanes a materia rancia, a papel húmedo y arruinado, a soledad reposada, a olvido. Me gusta moverme entre esa gruesa capa de polvo, entre esas finísimas partículas año tras año acumuladas, unas encima de otras. Cada vez que mi padre me castiga con el desván algo estalla dentro de mí y tengo que hacer verdaderos esfuerzos para no delatar con mi cara la emoción que me embarga por dentro. Dirán ustedes que soy un bicho raro o un autista. Tal vez, pero les aseguro que estoy siendo absolutamente sincero: palabra de roedor.


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Comentarios :

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Muy bueno Igancio.

Jajaa, es muy bueno, el final muy divertido...yo que iba a decirte que lo que más me gustaba de los desvanes era rebuscar en los baules la ropa antigua para disfrazarme... Besets.

Imagen de igancio

Pepa, va a resultar que por

Pepa, va a resultar que por tus venas corre algo de sangre de roedor.  

Imagen de Pepa

Pues va a ser que no

Igancio...que no soy de tu familia. Besitos.

Imagen de JoséGabrielCliment

Sugestivo

En mi casa, siempre nos han puesto el queso sobre la mesa, para que no andubieramos escarbando...Saludos..

Imagen de Ada

Siempre me han gustado los

Siempre me han gustado los relatos breves.Y a éste el final "sorpresa" le da su punto. Está chulo!

Imagen de fdezsrez

Interesante Igancio tu

Interesante Igancio tu microrelato, sobre todo por el inesperado final.

Un saludo

Imagen de igancio

Me alegro que te haya

Me alegro que te haya gustado.

Imagen de Clara

En las monjas...

me pasé media infancia castigada en sus desvanes...buena no era...cierto.
Lejos de asustarme me podía pasar buenos ratos hurgando entre los enseres que allí se acumulaban. Reconozco que la primera vez me asustó un "mucho" las imágenes de santos que permanecían resguardadas del polvo bajo las sábanas...una visión de auténticos fantasmas para una niña de nueve años que, prefería la compañía de los muchachos y sus juegos bárbaros a los rezos y los calcetines blancos...
Un día, en el que hice algo no muy correcto, volví a ser castigada al desván...este daba toda la vuelta a la manzana, igual que el edificio que tenían las "sores" en propiedad. Encontré una puertecita pequeña en medio de una pared y no dudé en abrirla. Cuál fue mi sorpresa cuando vi que el suelo parecía una gran pompa, era abombado, como cuando me ponía las gafas de mi abuela para jugar y me parecía que cualquier paso que daba era una gran escalada.... Entré, di dos pasos y al tercero colé la pierna hasta la cadera...eso que allí parecía un suelo redondo era la cúpula de la capilla... Nunca más me castigaron en el desván...
Un saludo, Igancio. Tu bonito relato me ha traído recuerdos, no tan bonitos...pero que ya no me importan.
Clara.