Cocaína y Opera

Hace tiempo que te fuiste pero de vez en cuando vuelves a mi mente, son pequeñas cosas las que hacen que vuelvas, la mayoría de veces te doy la bienvenida con una sonrisa otras frunzo el ceño y te insulto, todo depende de que pequeña cosa se trate.

No hace mucho tiempo una noche de cocaína y opera me imagine gráficamente tu memoria, tu vida en definitiva. Era una gran carretera sin rastro de coches, una de esas que recorren los desiertos americanos, el arcén estaba lleno de hombres de todo tipo, estaban colocados cronológicamente en fila india, los primeros ya estaban casi cubiertos por el polvo. Recuerdo que paseaba desde el principio, al primero apenas se le veía una mano, aún recuerdas su mano supongo, de haber sido otra parte del cuerpo me hubiese enfadado, ya sabes. Entre los siguientes había de todo, algunos lloraban y repetían tu nombre para si mismos, otros sonreían como retrasados, como felices retrasados, había uno que intentaba borrar tu nombre tatuado en el brazo, muchos estaban completamente borrachos, después del ultimo había un cartel con mi nombre, una de esas sillas de playa y una nevera llena de cervezas.

-Bienvenido

Me dijo el que me precedía.

-¡Cállate hijo de puta!

Sabes que nunca soporte a los hombres de tu vida, ni a nadie que se acercase a ti, un antiguo.

Estuve un rato sentado esperando que volvieses, a la cuarta cerveza Pavarotti dejo de sonar y me levanté de la alfombra del salón, me cagé en tu puta madre en alto, me serví otro whisky y dije que te quería en bajo.


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