La tarde agoniza
detrás de la ventana
y reflexiono
detrás de mi taza de café.
Desfilan ante mí antiguos recuerdos,
las victorias,
las penas,
las ilusiones del tiempo que se fue.
La calle está desierta,
igual que mi alma.
Amigos y amores,
naipes de mi ayer.
Un día, ya muy lejano,
te conocí, ciudad.
Llegué sin saber que mis bolsillos
estaban llenos de versos
y que en el papel iban a morir.
El viento, ahora fresco,
mueve mi cortina,
y me despierta de este recuerdo
que me abraza el corazón.
La pena del otoño
se cuela por el hueco de mi soledad,
con mi manía de andar siempre
pensando en el ayer.
Momentos del pasado
que regresan,
cuando en las tardes de lluvia y frío
tomo mi taza de café.
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