Qué no daría yo por volverte a ver
Qué no daría yo por volverte a mimar
Qué no daría yo por volverte a oler
Qué no daría yo por volverte a cuidar
Lo daría todo y más; empeñaría mi propia vida por tener la oportunidad de abrazarte, besarte, decirte lo mucho que te quiero y gritar al mundo: ¡Qué buen padre, Dios!. Desde la cercanía del cariño y del recuerdo: has dejado a esta familia huérfana de padre, suegro y abuelo.
Sigues aquí, entre nosotros. Cerca del ordenador, del equipo de música, de la tele y de mis óleos y pinceles. Entrando por la puerta de la cocina al olor de los guisos. Agradeciendo todas y cada una de la atenciones que teníamos para cuidarte y mimarte. Sonriendo a las ocurrencias de tu "princesa". Escuchando atentamente los "discursos" de tu nieto. Siempre aquí. Y, aquí continúas, por siempre. Estás en nuestros corazones!.
Qué no daría yo .....
(A tí, papá. Un año ya sín tí!).
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