 También llamada la Sección Áurea, la Divina Proporción fue extensamente
empleada en la antigüedad clásica y en el renacimiento. La Divina
Proporción describe una relación especial entre las partes de
uno o varios cuerpos, cuya razón queda expresada por el número irracional Phi (1,618).
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La relación entre la parte “a” y la parte
“b” es tal, que la razón o proporción entre la
totalidad del segmento “ab” y “a”, es igual a la
razón entre “a” y “b”. Dicho de otro modo:
“ab” guarda con “a” la misma proporción que
“a” guarda con “b”. |
Tal proporción corresponde al Número Áureo o Phi: 1,618.
De suerte que el segmento “ab” es 1,618 veces “a”,
y “a” es 1,618 veces “b”. Inversamente, “b”
es 0,618 veces “a”, y “a” es 0,618 veces “ab”.

El hombre de Vitrubio, por Leonardo da Vinci. La razón
entre el lado del cuadrado y el radio del círculo es el Número
Áureo. |
Esta cualidad única imprime una especial
armonía a las proporciones de un mismo ente, o entre entes, una persuasiva
apariencia de equilibrio y belleza, que se aparece como una constante
creativa del universo y de Dios. Porque no solamente el artista clásico
se sirvió del Número Áureo, como si este fuera apenas una curiosa excentricidad
o una fórmula estética sin otras implicaciones. La misma Naturaleza, maestra
a la que el artista y el sabio siempre han de volver la mirada, se complace
en rubricar su creación con la Divina Proporción. |
Así, tanto la espiral de nuestra Vía Láctea como la del ADN, la proporción
entre las falanges de nuestros dedos, la forma en que distintas plantas distribuyen
el crecimiento de sus ramas, los cuernos de algunos animales, los tornados,
los patrones concéntricos de la coliflor o el girasol, los pétalos de la rosa,
las proporciones de animales, peces e insectos, entre innumerables ejemplos,
responden a este patrón áureo.
En cuerpos armónicos, la relación entre la altura total
y la altura de pies a ombligo, o entre la longitud de la cabeza y la
longitud desde los ojos al mentón, se aproxima a 1,618. La relación
entre la anchura y la altura de un huevo se aproxima también a Phi,
en especial al establecer promedio de un conjunto de ellos. No sería
posible citar todos los ejemplos en los que Naturaleza teje, con hilo
de oro, la trama del universo.
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Concha del Nautilus, que reproduce con perfección una
espiral basada en la Razón Áurea. |
Debido a que la Inteligencia Divina ha plasmado extensivamente esta ley sobre
el mundo, nos hallamos subliminalmente predispuestos a reconocerla como reflejo
de la armonía, de la belleza y de la vida. Por este motivo los artistas clásicos
privilegiaron su uso sobre cualquier otra ley compositiva.

Diferentes secciones áureas en el rostro de la Gioconda
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Las pirámides de Gizeh, el Partenón, la catedral de
Notre-Dame, se cuentan entre las obras arquitectónicas que expresan
la Divina Proporción. Incluso la mentalidad profana de la modernidad
se sirve de ella por motivos puramente estéticos o publicitarios, de
lo que dan fe las proporciones de las tarjetas de crédito, de las cajas
de cigarrillos o del edificio de las Naciones Unidas, sin que por ello
tales desviaciones alcancen otro rango que el de decadentes parodias
del propósito original de los números sagrados.
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A fin de aclarar la metafísica de los números sería preciso remitirse al pitagorismo,
que concebía el universo como una arquitectura matemática, pero nos llevaría
demasiado lejos, e invito al lector a ampliar sus estudios en esta dirección,
asegurándole el mayor de los provechos si así lo hiciera.

El nacimiento de Venus, de Botticelli. Las dimensiones del cuadro
corresponden a un rectángulo áureo. |
Para concluir esta breve introducción, explicaremos
como emplear en la práctica pictórica algunas propiedades de Phi, con
una primera relación de aplicaciones.
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| 1. |
Para dimensionar un soporte
en ley con la Razón Áurea. Si partimos del lado mayor multiplicarlo
por 0,618 para obtener las dimensiones del lado menor. Si partimos del
lado menor, multiplicarlo por 1,618 para obtener la dimensión mayor.  En
ambos casos, obtenemos un rectángulo áureo. Ejemplo: Para un cuadro de
50 cm de ancho, multiplicamos 50 x 0,618, obteniendo 30,9, longitud que
deberá poseer el lado menor para que el rectángulo guarde la proporción
áurea. Si 50 cm fuera la longitud del lado menor, bastaría con multiplicarlo
por 1,618 para obtener 80,9 cm como longitud del lado mayor. El soporte
puede emplearse en horizontal, como la imagen adjunta, o en vertical,
pero siempre tendrá las proporciones de la ilustración adjunta. El nacimiento
de Venus, de Botticelli. Las dimensiones del cuadro corresponden a un
rectángulo áureo. |
| 2. |
Para distribuir los elementos
de una composición. Procederemos mediante las fórmulas del caso
precedente, a dividir uno de los lados del soporte mediante la razón áurea.
En este ejemplo, si el lado mayor midiera 50 cm, marcaríamos un punto
a 30’9 cm de una de las esquinas (no importa cual) y haremos lo mismo
con el otro segmento del mismo lado, uniendo los dos puntos obtenidos
con una línea.

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Al obrar así obtendremos siempre
un espacio dividido en un cuadrado y un pequeño rectángulo de idénticas
proporciones al rectángulo del soporte. |
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Si subdividimos de nuevo según la
razón áurea el rectángulo obtenido, obtendremos otro cuadrado y
otro rectángulo de la misma proporción que el primero. |

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Dicho rectángulo puede a su vez
subdividirse en otro cuadrado y otro rectángulo, y este proceso
puede realizarse hasta el infinito. |

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Trazando un arco a través de la
diagonal de cada cuadrado se obtiene la Espiral Áurea, una de las
más hermosas posibilidades del desarrollo de Phi. |
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Subdividiendo en ambas direcciones los lados del rectángulo
principal, pueden trazarse las cuatro líneas áureas principales, determinando
los nervios de fuerza y significación de la composición, y que pueden
emplearse como referencia para la ubicación de elementos o partes de
elementos de nuestro diseño (disegno, en sentido clásico, dibujo e idea
simultáneamente).
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Es posible subdividir selectivamente únicamente las áreas de nuestro
interés, y componerlas de acuerdo a espirales áureas, líneas
o rectángulos áureos, o una combinación de todos ellos.
Cada segmento puede ser subdividido tantas veces como precisemos para encajar
el diseño. Además de cómo referencia para el emplazamiento
o disposición de los sujetos pictóricos, las líneas de
fuerza, y en particular las espirales, pueden aprovecharse total o parcialmente
para sugerir movimiento o dirección, una dinámica centrífuga
o centrípeta, entre otras posibilidades.
Algunos ejemplos:
- El sujeto principal de un cuadro reclamará mayor atención
si se ubica en una de las líneas de fuerza verticales.
- Hojas de árbol arrancadas por el viento, aves, el curso de un río
u olas del mar, pueden disponerse de forma que insinúen veladamente
los contornos de la
espiral áurea.
- Un rostro resultará más armónico si se realiza un
estudio de sus proporciones áureas.
Las posibilidades exceden desmesuradamente los apuntes
básicos aquí expuestos. Rogamos encarecidamente al lector
amplíe y perfeccione este conocimiento mediantes los manuales oportunos,
pues en aras de la brevedad no todas nuestras afirmaciones son precisas.
En última instancia, que entorne el Ojo del Corazón hacia
el espejo de la Naturaleza para desnudar su secreta poesía.
Por Leonardo
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