Pasión o locura
o efervescencia etílica...
Veo un flash tras otro.
Lejanos, me queman,
me hacen desearlo de nuevo,
a pesar de las heridas,
a pesar de las marcas
que sus dientes gravaron
sobre mi piel desnuda,
bañada en fuego.
Pasión,
salvaje y de fuera de este mundo.
Entrega total de mi cuerpo
y de mi alma.
Esa noche,
despuntando el alba,
en la soledad de las calles desiertas,
sobre el duro pavimento de piedra,
sobre el escudo metal de un coche...
sobre la cálida sangre tierra,
Hasta llegar al mágico lecho,
exhaustos, perplejos,
rendidos, sedientos.
Un flash tras otro:
unas manos
y un cuerpo
y una voz
y su rudeza.
Una mirada,
la entrega,
el fuego, la fuerza.
Locura.
Secuestrada por mis instintos más salvajes.
Arrojada de la razón
y del pensamiento
y de la vida
y de la muerte...
Solo mi cuerpo y su cuerpo,
entre la confusión absoluta,
después de tanto tiempo contenidos...
Desatados de todo juicio
y de toda condena.
En medio de un escenario borroso,
distorsionado por tanta vida
por tanto alcohol y tanta rabia.
Por tanto desearnos el uno al otro,
por la novedad de encontrarnos
a nosotros mismos,
bajo el fuego de una noche
que se acaba,
que se lleva aquello
para lo cual nos unimos.
Pues con la luz del día
la realidad se impone,
¡maldita!,
y nos invita a olvidar
lo sucedido.
Su boca se desvanece lentamente de mi piel
y con ella los recuerdos. Se alejan...
Se avivan solo ante el espejo.
Ante la sombra de la marca casi ausente,
en aquellos instantes breves, reflejos.
Me atraviesan,
se hunden en mi estómago,
dividen mi cuerpo, y mi mente
por un momento,
por un efímero e inflexible momento.
¡No quiero olvidar! Pero olvido...
Quisiera, algún día, econtrarlo de nuevo,
disfrutar de la complicidad del secreto
brillando en sus ojos y en los mios,
como sentencia de lo que ha sucedido...
O quizás permitirme la osadía
de dejar que la locura enajenante
volviera a doblegar mi cuerpo,
y mi mente,
ante la pasión salvaje del momento.
|