Nunca me obedezcas
Que nada moldee tu alma
Pequeña gota de miel,
Recuerdo aquel indeleble día,
Me miraste por primera vez,
Al salir del vientre maternal,
Escuchaste mi voz,
Y tus ojos me buscaron,
Aun con dificultad.
Tu boquita tan pequeña,
Tu voz tan especial,
Diez segundos se deslizaron,
Y ya habías tomado posesión,
De todo lo que es tuyo,
Del corazón de tu madre,
Y del mío,
De los besos de tu Pablo.
Que difícil es entenderte,
Que fácil es amarte.
Pequeña colibrí,
Dulce potranca salvaje,
Vas a galopar siempre,
Y yo te esperaré,
Aquí, o no se donde,
Pero yo te esperaré,
Para que me cuentes,
Yo te esperaré.
Dame un beso frío,
Con tu boca tan pequeña.
Reposa en mi regazo,
Duerme y sueña,
Sueña y vive,
Vive.
Nunca me obedezcas,
Que nada moldee tu alma,
Crece libre,
Como las higueras.
Canta fuerte,
Como los jilgueros.
Aquí o no se donde,
Siempre tendrás a tu padre,
Al que miraste por primera vez,
Yo te esperaré.
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