Miraba fijo la palmera
la nube que estaba en el cielo,
blanca y clara como la espuma,
tierna y dulce como un beso.
El viento la mecía
con un vaivén sereno
haciendo que brillara
como las llamas del fuego.
Con finura y elegancia
va siguiendo ella el juego
aumentando su belleza
con el cambio de su aspecto.
La palmera deseaba
estrujarla con sus dedos
y alargaba así las ramas
para conseguir su sueño.
Árbol grande, duro y fuerte
con raíces en el suelo
resistente a las sequías
y a las tormentas del invierno.
Árbol grande, dulce y sabio
que aunque tenga el rostro viejo
ama, lucha, vive y sueña
con el alma de un joven tierno.
(12-07-2006)
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