El médico de cabecera me había visto tan mal, sin poder parar de llorar, que me había dado un volante para que me viera el psiquiatra con carácter urgente. Así que, hacia allí me fui, con la dirección y el volante en la mano y los ojos llorosos
Como no había ido nunca no sabía muy bien donde estaba. Fui a la calle indicada y busqué el número, pero... no lo veía, más o menos debía ser allí, aunque el portal era un poco viejo, fuera vi una placa que ponía algo de psicoanálisis. Me pareció un poco cutre pero, entré en el portal, subí al primer piso, el segundo, el tercero, al final llegué a una especie de ático con macetitas por el suelo haciendo camino hasta la puerta. Debía ser allí y las macetitas serían para animar, digo yo.
Llamé al timbre y... abrió la puerta una chica muy sonriente, pero... muy ligera de ropa que se quedó tan sorprendida como yo. "¿Qué quieres?" me preguntó tapándose con la puerta y asomando la cabeza. Yo estaba tan sorprendida que sólo se me ocurrió enseñarle el volante aun sabiendo que me había equivocado. "Venía a pedir hora para el psiquiatra". Ella miró el papel y preguntó perpleja "¿El psiquiatra?¿Quién te manda?". "La, la seguridad social" contesté. "No, no es aquí". Sí, obviamente no era allí, al bajar fui leyendo los carteles de los pisos: Magdalena, Amanda... claro, me había metido en una casa de pilinguis. Me puse a reir. Lo que no me pase a mí...
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