REFLEXION_CORAZÓN_FELICIDAD
MAESTRA KWAN YIN.
Más allá del dolor, más allá de la soledad, más allá del temor, se encuentra el corazón encogido, temblando y preso, pero siempre, por más profundo que sea el dolor, por más grande que sea el temor, por más oscuro y complicado que sea el problema, existe una rendija por la cual puede llegar a penetrar la luz del espíritu.
Esos valores, esas emociones que fueron guardadas en la primera infancia del ser, en el primer momento en que el hombre vio la luz del mundo y sintió los brazos de su madre, esos primeros instantes que quedan grabados indeleblemente en el subconsciente del hombre, son muchas veces la única rendija a través de la cual podemos asomarnos y llegar al corazón; hasta allá llegaremos si es preciso, pues mientras haya un ser humano que esté sufriendo por no ser capaz de haber aprendido el arte de vivir, nosotros tendremos trabajo por hacer, no importa en dónde se encuentre, no importa qué tipo de problema sea, llegaremos hasta donde sea posible llegar y haremos lo que sea necesario hacer, pues ese fue el mandato del Cristo cuando El estuvo con nosotros.
El corazón funciona como un órgano autónomo, que, independientemente de la voluntad del individuo, de su comprensión de las cosas que le ocurren, genera una serie de sentimientos de acuerdo a sus propios mecanismos de funcionamiento. Al corazón no se le puede pedir que razone, de la misma manera como no se le puede pedir que sienta al cerebro. Al corazón se le educa no con conceptos sino con emociones; un corazón que ha crecido en medio de los suaves efluvios del amor, aprenderá a emanar estas mismas emociones sin
medida y sin descanso, pero un corazón forjado en la fría indiferencia no podrá hablar el lenguaje del cariño y de las caricias.
El corazón es como una delicada flor que cuando siente el invierno cierra sus pétalos y se refugia en lo más interno de su ser, pero cuando siente los tibios rayos solares encarnados en las suaves caricias del amor, abre su corola y deja escapar el perfume de los amores más sublimes que el ser humano puede emanar; y cada corazón tiene una historia diferente, cada corazón ha sido forjado bajo diferentes condiciones de vida, cada corazón, podríamos decir, es como una flor con diferente color y perfume.
Todos los seres humanos aspiran llegar a la felicidad, pero siempre sitúan esta felicidad más allá de lo que tienen en ese momento, la ven como si fuera algo que tuviera que alcanzarse, como si fuera algo por lo que tuvieran que luchar, como si fuera algo que llegara justo en el momento en que ellos consiguen hacer determinadas cosas, pero esta forma de ver a la felicidad, en realidad los aleja de ella. Pensar que la felicidad se encuentra en algún futuro indeterminado, implica que ese futuro nunca se va a hacer presente, pues siempre estará más allá de lo que el propio individuo ha conseguido; sin embargo, la felicidad se encuentra presente en todo momento alrededor de las personas.
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