Quién no ha sentido alguna vez que un instante perduraría para siempre en su recuerdo como una daga imposible de arrojar de las entrañas? Hay iInstantes que nos marcan, que amamos y odiamos y que, por ello, retenemos incluso más allá de nuestra voluntad o de nuestra intención. Imagos, instantes indelebles, que configuran nuestro ser, que retienen los mil matices que lo componen... un aroma, un pensamiento, una luz, un sentimiento, un gesto... Todo exacto, todo irrepetible... e inexorable.
UN INSTANTE
Y su mano hirió el blanco lienzo de tu piel.
Y su boca selló tus ojos,
que se derramaron como la miel,
fuera de la cuchara.
Y su voz quebró tus oídos.
Y más aun,
atisbó entre tus pensamientos.
Un instante.
Efímero y constante,
fantasma incansable
que martillea el espacio
con tu sangre.
Y se niega a desaparecer.
Y se arraiga
al sutil mosaico de tu piel ajada,
de tu piel sedienta, frágil y olvidada.
¡Regresa! Gritaban tus ojos
cuando aun no había partido.
¡Regresa! imploraba tu cuerpo
sintiendo aun el suyo consigo.
Pero la noche tragó tus gemidos
y la brisa, tus aullidos
y una ola de silencio
hizo añicos tus sentidos.
Lloras abrupta el recuerdo
mientras tejes el invierno
de lúgubres suspiros y de lamentos,
de horas perdidas…
y de un dulce olor a incienso.
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