¿Eres tú, Muerte?
Y ahora que estoy sola
aprovecho para escribir
unas cuantas lineas
para saber dónde ir.
Mis ojos se llenan de lágrimas
cada vez que sale la Luna.
Y cuando me quedo dormida
la soledad ya no existe.
La vida ha sido tan cruel conmigo
que ahora mismo escucho
a la Muerte. Me está llamando.
¿Descuelgo el teléfono? ¿Qué hago?
La duda me invade aquí dentro.
Me está hablando la mente,
dice que conteste. Y a la vez
el corazón me impide que vuele.
No sé a quién hacer caso,
los ojos me duelen de llorar,
día tras día, cada vez más.
Y es que es tan grande el dolor
y la pena que tengo aquí dentro
haciendo que de repente
quiera descolgar el teléfono.
Estoy sentada con mi vida,
empiezo a hablar con ella y,
la verdad, me cae bien .
Pero los momentos duros
se me clavaron y no salen,
no se quieren ir.
Mi mente intenta expulsarlos
pero el corazón está ahí,
y no les deja morir.
¡Olvida ya los sentimientos!
Tienes que pensar en ti,
poco a poco te estás muriendo
y yo no quiero verte ir.
El teléfono sigue sonando
y aún no he decidido.
¡Ayudadme, por favor,
a deshacer este lío!
La soledad me invade.
Vida, eres lo que tengo
y sabiendo cómo eres
prefiero descolgar el teléfono.
Sí, voy a contestar.
Hablaré contigo, Muerte,
llévame donde estás.
Abrázame fuerte.
Haz que recuerde esto
como si hubiera sido un sueño.
Porque lo que tengo en realidad
son pesadillas persiguiéndome
sin dejadme descansar.
Aquí estoy, Muerte,
que eres mi salvación.
Haz que vaya contigo
y olvide todo el dolor.
Si no descuelgo el teléfono
sé que me arrepentiré.
Soledad, no te quiero.
Adios te digo, Vida.
Hola, clara luz del día.
Empiezo una nueva vida
donde no existen las penas,
donde todo es alegría
y la primavera reina.
Veo el campo y el mar;
medicinas que me ayudarán
y ya no lloraré más.
Mi corazón se ha curado.
El teléfono dejó de sonar,
pero ahora mi mente piensa:
¿dónde están los demás?
Me invade de nuevo la duda,
pienso en esta distinta soledad.
Y otra vez suena el teléfono,
es la Vida.
¿Debo contestar?
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