(del poemario "Guirnaldas de la muerte y de la vida" de don Pedro el Lobo)
Para mí hiciste toda tu riqueza,
Quisiste darme tu saber profundo,
Tender a mis pies tu cosmos rotundo:
Pero yo dudé de tanta certeza.
Ornaste mi haz de tu suma belleza,
Deseaste hacerme la luz del mundo:
Mas yo preferí hacerme un vagabundo,
Una pobre alma por quien nadie reza.
Preferí un largo y amargo camino
Por poder llorar junto a un mundo entero;
Aunque hoy sé que, de un divinal destino
Que pude, no hice nada más que un cero.
La culpa es de tu corazón divino:
¿Por qué dio el alma eterna a un pordiosero?
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