LA ACUARELA

El agua es la protagonista de la acuarela y la causante de la excepcional transparencia y luminosidad que la caracterizan, imposibles de conseguir casi con ningún otro medio.
En su utilización interviene el agua junto a una pequeña cantidad de pigmento que, una vez evaporada el agua, queda depositado en una capa tan diáfana que permite que el color blanco del papel quede a la vista bajo la pintura, proporcionando esta cualidad de transparencia propia de una buena acuarela.

Existen detractores de la acuarela que la acusan de ser una técnica de "segunda"; sin duda debido a que, por efecto del agua, los resultados son más imprevisibles que con otros materiales y a la diferencia que existe entre el color en su estado húmedo y una vez seco, ya que experimenta un aclarado aproximadamente del 50%, pudiendo un trabajo presentar un color muy vivo en húmedo y resultar excepcionalmente desvaído al secarse. También es muy dificil corregir un error sin que se note una vez la pintura está seca. Sin embargo, existen recursos técnicos que permiten contrarrestar estos aspectos en gran medida para poder obtener el efecto que se pretende.
Otro aspecto destacable es la rapidez de secado, que obliga al pintor a trabajar con rapidez y a tener una idea previa bastante clara de lo que pretende y del esquema cromático a emplear. Esta cualidad la convierte en un medio excepcional para trabajar al aire libre y representar los juegos de luces y la delicadeza de matices de las nubes, el agua, los árboles, etc., tan cambiantes por efecto de los cambios lumínicos y atmosféricos.
Todo ésto hace de la acuarela una técnica que, lejos de su aparente sencillez, comporta en principio una gran dificultad que sólo se puede dominar a base de mucha práctica. Es un error abordar una acuarela como si fuera un óleo. Los grandes maestros y especialistas experimentan y se ejercitan cada día. Practica tan a menudo como te sea posible, ya que debido a su rapidez podrás realizar numerosos bocetos en una sola sesión. Desarrolla cualquier idea nueva que se te ocurra. Si una boceto no nos convence es mejor romperlo e iniciar otro antes que insistir en él, ya que a medida que acumulamos capas de pintura se pierde la transparencia y por tanto la obra se deteriora al perder su cualidad más representativa. Sólo a base de práctica dominaremos los recursos que este excepcional medio nos ofrece para desarrollar nuestras cualidades creativas.