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Melip
Forero Mayor   Mensajes: 1463 Registrado: 8/10/2006 Estado: Desconectado
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enviado el 21/5/2008 a las 02:36 |
Neoclasicismo en España
La sustitución en el trono de España de la dinastía de los Habsburgo por la
de los Borbones, con la llegada de Felipe V en 1714, fue un factor
determinante para que entraran las corrientes artísticas extranjeras y se
produjera el cambio de gusto en las artes españolas. Los artistas llamados
para trabajar en los palacios reales, franceses e italianos principalmente,
trajeron a España las manifestaciones artísticas del clasicismo francés y
del barroco clasicista italiano, mientras los artistas españoles estaban
inmersos en un barroco nacional que pervivirá aún hasta fines de siglo.
Son los reyes los que sustentan esta renovación artística, sirviéndose de
una institución, la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que
ejerce el control sobre las artes. Poco a poco se instaura el reformismo
ilustrado contando para sus proyectos renovadores con la ayuda de notables
ilustrados españoles como Aranda, Campomanes, Floridablanca, Jovellanos o
Ponz.
La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando nació en 1752 gracias a
los deseos del rey Fernando VI. La Junta Preparatoria de la Academia ya
mostraba en su composición la presencia de artistas extranjeros que
trabajaban en las obras reales, como su presidente el escultor Domenico
Olivieri o algunos de sus directores como el escultor Antoine
Dumanché, el pintor Louis van Loo y el arquitecto Giovanni
Battista Sacchetti. La orientación de la Academia estuvo marcada desde
el comienzo por el rey quien, con un concepto ilustrado de la función del
arte, deseaba la renovación y el control de la producción artística para
que sirviera de ornato y enaltecimiento a la Corona. A imagen de la
Academia madrileña surgieron las del resto de España.
Con la llegada al trono de Carlos III en 1760 la función dirigente del rey
y de la Academia se manifestó de forma más clara. El nuevo monarca había
apoyado en Nápoles las excavaciones de las ciudades de Herculano y Pompeya,
siendo conocido su entusiasmo por la arquitectura y las demás artes, su
interés por el pasado clásico y su apoyo a la edición de las Antigüedades
de Herculano. En 1783 publicó una Real Orden por la que se declaraban
libres las profesiones de las Nobles Artes de Dibujo, Pintura, Escultura,
Arquitectura y Grabado, pudiéndose ejercer desde entonces sin necesidad de
formar parte de un gremio. Con ello la Academia se convertía en la
única instancia autorizada para expedir títulos o racionalizar el
aprendizaje de las artes, controlando la orientación de la producción
artística, a la que se contribuía con pensionados en Roma para los alumnos
destacados.
El proceso de introducción en España de las corrientes neoclásicas tiene en
común con el resto de Europa el profundo análisis que se hace de las
fuentes del clasicismo, el interés por la arqueología, el estudio de la
tratadística, la crítica de la tradición y el rechazo del último barroco.
Aunque el desarrollo del Neoclasicismo en las tres artes no fue coincidente
en el tiempo, puede decirse que tiene sus primeras manifestaciones durante
el reinado de Fernando VI (1746-1759), florece bajo Carlos III (1759-1788)
y Carlos IV (1788-1808) y prosigue todavía, tras la Guerra de la
Independencia, con Fernando VII (1808- 1833), si bien ya conviviendo con
otras corrientes más novedosas.
Arquitectura
Fue en la arquitectura donde antes se apreció el impulso renovador con la
obra de palacio, donde surgieron los arquitectos más notables de la segunda
mitad del siglo XVIII. En este ambiente primero, en la Academia de Bellas
Artes de San Fernando después, se revisaron las concepciones
arquitectónicas, coincidiendo todos, a pesar de los diferentes postulados
existentes, en el desprecio hacia el barroco castizo motejado
despectivamente de churrigueresco, al que se quería asociar con la
ignorancia y el mal gusto populares.
Diego de Villanueva(1715-1774), director de Arquitectura de la
Academia, publicó en 1766 en Valencia la Colección de diferentes papeles
críticos sobre todas las partes de la Arquitectura, donde muestra conocer
las teorías racionalistas de Laugier o Algarotti entonces de
moda en Europa. Entre su obra construida resalta por su sentido simbólico
la reforma del Palacio Goyeneche en la calle de Alcalá de Madrid,
para sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1773),
reforma que consistió en mutilar la fachada barroca ricamente ornamentada
que años antes había construido José Benito Churriguera.
También en estos años sobresale el arquitecto Ventura Rodríguez
(1718-1785) notable por la cantidad de obras que construye y por el control
que sobre la arquitectura de toda España ejerció desde la Academia y desde
el Consejo de Castilla. Obra suya es la remodelación de la basílica del
Pilar de Zaragoza, con la construcción de una capilla exenta para el
culto de la Virgen dentro del gran templo. La capilla está pensada como un
enorme baldaquino construido en mármoles de colores y bronces muy en la
línea del último barroco romano que había aprendido en la obra del Palacio
Real de Madrid. Es también autor del convento de los Agustinos Filipinos
de Valladolid (1759 y sig.) que, aunque al exterior trae recuerdos
escurialenses, tiene en su planta ecos de la obra de Juvara en
Turín.

Convento de los Agustinos Filipinos de Valladolid, de Ventura
Rodriguez
Con la llegada de Francesco Sabatini (1721-1797), que viene de
Nápoles con Carlos III con la misión de atender la política reformista del
rey en el campo de la arquitectura, decrece la importancia de Rodríguez.
Sabatini trazó la escalera principal del Palacio Real de Madrid (h.
1761) e intervino en la edificación de obras monumentales para Madrid,
representativas del poder real, como la Puerta de Alcalá
(1764-1776), que conmemoraba la entrada de Carlos III en la capital, el
edificio de la Aduana de Madrid (1761-1769), hoy Ministerio de
Hacienda en la calle de Alcalá, y el Hospital General (1781),
todo dentro del diseño racionalizado del barroco clasicista que había
conocido en Nápoles. La actividad de Sabatini cubrió el campo de la
arquitectura civil y de la ingeniería militar; dirigió numerosas obras en
toda España, desde la catedral de Lérida a la fábrica de armas de
Toledo o el trazado de la nueva población de San Carlos en la Isla
del León (Cádiz).
Catedral de Lérida de Sabatini
Después de unos años de enorme labor crítica y teórica desde la Academia,
comenzó a trabajar una nueva generación de arquitectos cuya figura más
representativa es Juan de Villanueva (1739- 1811), hermano del ya
citado Diego. Es el arquitecto que mejor refleja la consecución y
codificación de un auténtico lenguaje neoclásico, a la vez que su trabajo
como arquitecto real le convierte en el traductor de los gustos del rey. Es
autor de las casas de Oficios frente al monasterio del Real Sitio de
El Escorial y también de las Casitas de Arriba y de Abajo,
edificaciones de aspecto totalmente clasicista. Incluidas en el programa
cultural de corte ilustrado del gobierno de Carlos III están tres de las
obras más emblemáticas de Villanueva: el Museo del Prado, el
Jardín Botánico y el Observatorio Astronómico. El hoy Museo
del Prado estaba pensado como Academia de Ciencias o Gabinete de Historia
Natural y se inició en 1785; su arquitectura de formas clásicas perfecta
mente depuradas, integrada por volúmenes independientes conecta dos entre
sí, es una muestra del modo neoclásico de combinar formas puras.
Museo del Prado de Juan de Villanueva
Fuentes:
- wikipedia
- Artehistoria
- Arteguías.com
____________________ Amelia P.
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Melip
Forero Mayor   Mensajes: 1463 Registrado: 8/10/2006 Estado: Desconectado
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enviado el 21/5/2008 a las 04:04 |
Escultura
La escultura Neoclásica tuvo un desarrollo particular y menos visible que
en otras artes. En ella pesó poderosamente la tradición imaginera, con
obras en madera policromada, que había sido habitual en las costumbres
devocionales de los españoles, por lo que apenas existía una escultura
monumental que no estuviera ligada a las necesidades religiosas. Por ello
los primeros indicios de cambio se encaminan hacia el barroco francés que
traen los escultores cortesanos.
Desde la Academia artistas como Francisco Gutiérrez (1727-1782) o
Manuel Álvarez de la Peña (1727-1797) crearon una escultura en
materiales nobles, que en muchos casos estuvo destinada al ornato urbano.
Gutiérrez es autor de la Fuente de Cibeles (1780-86) y colabora en
la parte escultórica de la Puerta de Alcalá, ambas en Madrid.
Álvarez esculpió la Fuente de Apolo o de las Cuatro Estaciones y
Juan Pascual de Mena (1707-1784), un precursor de las nuevas tendencias, la
fuente de Neptuno, ambas en el Paseo del Prado de Madrid.
Fuente de la Cibeles en Madrid

Fuente de Neptuno en Madrid
Pero la imaginería no desapareció y los escultores, aprovechando las
enseñanzas de la Academia, llegaron a hacer una escultura policromada de
gran calidad. Un ejemplo es José Esteve (1741-1802), formado en la
Academia de San Carlos de Valencia, que es autor de bellísimas imágenes
como la Inmaculada de la catedral de Valencia. Con Esteve colaboró
José Ginés (1768-1822) en la elaboración del Belén del
Príncipe (Palacio Real y Academia de San Fernando) un género aún
habitual.
Con Juan Adán (1741-1816), que se formó en la Academia de Zaragoza y
estuvo pensionado en Roma, se produce el paso definitivo al Neoclasicismo.
Nombrado en 1795 escultor de cámara realiza los retratos de Carlos IV y
María Luisa de Parma (1797, Palacio Real); tienen la ampulosidad de los
retratos de aparato pero con la severidad en los rostros de la estatuaria
romana. Suya es la Venus de la Alameda de Osuna, una interpretación
realmente fiel de los modelos romanos.
Fuente de Hércules y Anteo en Aranjuez, de Juan Adán
El cordobés José Álvarez Cubero (1768-1827) es un ejemplo del
neoclasicismo español que, aunque había recibido una educación inicial en
el barroco. Fue escultor de cámara de Fernando VII y su célebre grupo La
defensa de Zaragoza es muy representativo de este neoclasicismo hispano
que debe tanto a la estatuaria clásica como a la lección de Canova.
La defensa de Zaragoza en el Museo del Prado
En Cataluña, las enseñanzas del clasicismo de la escuela de la Lonja de
Barcelona, se manifiestan en el escultor Damián Campeny (1771-1855);
su Lucrecia muerta (1804, Lonja de Barcelona) tiene toda la
serenidad de la escultura clásica pero algunos atisbos de melancolía
romántica. La escultura neoclásica tuvo un largo epílogo en la obra de
Antonio Solá (1787-1861), autor de Venus y Cupido (1830,
Museo de Arte de Cataluña) y de Daoiz y Velarde (1830, Madrid, Plaza
del 2 de Mayo), un uso convencional del clasicismo para retratar a los
héroes románticos.
Lucrecia muerta en el MNAC de Barcelona
Fuentes:
- Wikipedia
- Artehistoria
- Artespaña.com
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RobotSpiritual
Forero Mayor   Mensajes: 660 Registrado: 4/4/2008 Estado: Conectado
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enviado el 21/5/2008 a las 05:38 |
Pintura Neoclásica en España
La pintura neoclásica, al no contar con restos pictóricos de la
antigüedad grecorromana, se inspira en la escultura, en especial en los
relieves, que la dotará de un marcado carácter escultórico.
Características:
Predominio del dibujo academicista sobre el color.
La base de la belleza es la armonía de las proporciones y de las
luces.
Los principales temas serán retratos, mitológicos y cuadros de
historia.
La luz es clara y difusa, delimita las figuras y el espacio e imprime
solemnidad en el ambiente. No interesan los contrastes lumínicos.
En España predomina la pintura profana, costumbrista y adquiere un gran
desarrollo el fresco

Giambattista Tiépolo
Los monarcas Felipe V y Fernando VI habían llamado a pintores franceses e
italianos, como Louis Michel van Loo, S. Amiconi y C. Giaquinto, que
iniciaron la decoración del Palacio Real. Más tarde Giambattista
Tiépolo, el gran fresquista veneciano, adornó tres de las bóvedas de la
real morada con su pintura decorativa y colorista. Pero la regeneración de
la pintura española se produjo con la venida a España en 1761, llamado por
Carlos III, del artista bohemio Anton Raphael Mengs.

Carlos III Anton Raphael Mengs
Su llegada trastocó el orden hasta entonces existente porque sus
orientaciones fueron seguidas fielmente por el Rey que le concedió todos
los honores imaginables ejerciendo desde la Academia, como pintor y como
teórico, una auténtica dictadura artística que influyó en la formación de
los pintores españoles. Mengs realizó decoraciones para algunas de las
bóvedas del Palacio, predominando en todas ellas un dibujo preciso y una
falta de expresividad; en El triunfo de la Aurora o La Apoteosis de
Adriano, la calculada simplicidad de composición recuerda El Parnaso que
pintó en la villa Albani de Roma. Colaboró con él en el Palacio Real
Mariano Salvador Maella (1739-1819) que también hizo decoraciones para los
palacios de Aranjuez, El Pardo y El Escorial; su estilo distante y su
colorido algo estridente no le impidieron hacer espléndidos retratos como
el de Carlos III (1785) con colores fríos y barnices acharolados.

Retrato de la Marquesa de Llano Anton Raphael Mengs
Muchos pintores trabajaron como cartonistas para la Fábrica de
Tapices que Mengs dirigía, como los hermanos Bayeu, José del
Castillo o Francisco de Goya. Para los tapices Mengs prefirió
los temas costumbristas o de cacería muchas veces relacionados con la
pintura holandesa, y alentó un costumbrismo de raíz castiza con escenas
de género. José del Castillo destacó con sus primorosas escenas de caza
como las que adornan la pieza del Príncipe en el palacio de El Escorial.
Los Bayeu cultivaron el fresco, sobre todo Francisco (1734-1795) que
colaboró en la decoración de la basílica del Pilar de Zaragoza y en el
oratorio del Palacio Real de Aranjuez (1791); Ramón, menos
brillante, se especializó en los cartones para tapices que resolvió con una
técnica suelta y precisa. También trabajó en la Fábrica de Tapices
Francisco de Goya (1746-1828), yerno de Francisco Bayeu, pero su obra por
su amplitud y su variedad desborda los estrechos límites del
Neoclasicismo y merece un estudio más amplio.
Después de la Guerra de la Independencia emergen otros pintores más jóvenes
que siguen el neoclasicismo ortodoxo, para luego pasar hacia estilos
más eclécticos. Entre ellos destacan José Antonio Aparicio (1773-1838),
José de Madrazo (1781-1859)y Juan Antonio Ribera (1779-1860), que
aprendieron en Roma el estilo internacional y miraron con admiración a
David, pero que luego evolucionaron y ocuparon un puesto importante
en el arte español. Sus obras muestran el perfecto conocimiento del mundo
clásico, el equilibrio entre color y dibujo en sus composiciones, pero
también una capacidad para adaptarse al arte burgués que impondrá el
romanticismo.

Una joven mujer Anton Raphael Mengs

Santa Leocadia ante el pretor 90 x 73 cm. Mariano Salvador Maella

Francisco de goya la vendimia
Fuentes:
- Wikipedia
- Artehistoria
- Artespaña.com
____________________ Todos los sistemas pasan por momentos buenos y malos .. |
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Melip
Forero Mayor   Mensajes: 1463 Registrado: 8/10/2006 Estado: Desconectado
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enviado el 21/5/2008 a las 13:20 |
Como complemento a lo expuesto por Robot, pongo dos fotos de sendos frescos
de Francisco Bayeu.
Cúpula de la capilla del Palacio Real de Aranjuez
Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza ____________________ Amelia P.
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