ClaraCristina
Forero Mayor   Mensajes: 836 Registrado: 20/3/2008 Estado: Desconectado
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enviado el 30/4/2008 a las 12:52 |
El 30 de abril de 1883 falleció Édouard Manet, célebre pintor francés, uno
de los iniciadores del impresionismo
Ningún pintor del grupo impresionista ha sido tan discutido como Manet.
Para algunos, fue el pintor más puro que haya habido jamás, por completo
indiferente ante los objetos que pintaba.
30/4/2008
Édouard Manet (23 de enero de 1832 - 30 de abril de 1883). Célebre pintor
francés, uno de los iniciadores del impresionismo.
Vida
Nacido en el seno de una familia de abolengo, Manet pronto dejó la carrera
naval para dedicarse a la pintura.
Su carrera artística comenzó hacia 1850 en el estudio de Thomas Couture, un
pintor en absoluto estrecho de miras como profesor. Allí estuvo durante
casi seis años y, al mismo tiempo, pudo copiar en el Louvre cuadros no sólo
de Tiziano, Rembrandt y Velázquez, sino también de Goya, Delacroix, Courbet
y Daumier.
De Couture aprendió que para ser un gran maestro hay que escuchar las
enseñanzas de los que lo han sido en el pasado, por ejemplo, pero, por
desgracia, el profesor era un antirrealista fanático y convencido.
Enfurecido por las mofas que Manet hacía con respecto al Premio de Roma,
Couture le dijo que nunca llegaría a ser otra cosa que el Théodore Rousseau
de su época. Después de esto, Manet hizo su propia síntesis personal de la
historia de la pintura y de lo que podía aprender viendo grabados
japoneses. Y es que el pintor fue siempre un extraño ecléctico. En este
sentido, Bownes se muestra bastante convincente al demostrar que, de joven,
sin llegar a considerarse un innovador, Manet sí trataba de hacer algo
nuevo: Buscaba crear un tipo libre de composición que estaría, sin embargo,
tan herméticamente organizada en su superficie como los cuadros de
Velázquez.
Desde 1853 hasta 1856 Manet se dedicó a viajar por Italia, los Países
Bajos, Alemania y Austria, copiando a los grandes maestros.
En 1859 presentó por primera vez al Salón su Bebedor de ajenjo, un cuadro
que permitía sin problemas adivinar su adoración por Frans Hals, pero que
provocó una turbulenta reacción en el público y en el jurado, inexplicable
sin duda para un Manet que durante toda su vida lo único que buscó fue el
éxito dentro de la respetabilidad.
En los años sesenta, sin embargo, su pintura de tema español, tan de moda
por entonces en Francia, fue bastante bien acogida y en 1861 el Salón
acepta por primera vez un cuadro suyo, el Guitarrista español.
En realidad, Manet nunca fue un impresionista en el sentido estricto de la
palabra. Por ejemplo, jamás expuso con el grupo y nunca dejó de acudir a
los Salones oficiales, aunque le rechazaran. Sus objetivos no eran
compatibles con los de los impresionistas, por mucho que se respetaran
mutuamente.
El tono general de la obra de Manet no es el de un pintor radical del campo
únicamente preocupado por el mundo visual. Él es un sofisticado habitante
de la ciudad, un caballero que se ajusta en todo al concepto decimonónico
de dandi: un observador distante, refinado, que contempla desde una
elegante distancia el espectáculo que le rodea. Desde este punto de vista,
Manet concluye el que será, sin duda, uno de sus cuadros más escandalosos,
rechazado en el Salón de 1863 y expuesto en el de los Rechazados, Almuerzo
sobre la hierba.
El reto lo planteaba una realidad contemporánea, los bañistas del Sena, y
la escena estaba reformulada en el lenguaje de los viejos maestros (el
cuadro está claramente inspirado en la Fiesta campestre del Giorgione),
compitiendo con ellos y, al mismo tiempo, subrayando las diferencias. Las
escenas con el tema del ocio en el campo estaban ya muy enraizadas en el
arte occidental y abundaban tanto en las ilustraciones populares como en el
arte académico, pero el cuadro de Manet pertenece a un orden distinto,
desconcertante por la evidente inmediatez con que se enfrenta al
espectador.
Este cuadro obtuvo la repulsa unánime del público y la crítica. Sólo lo
aceptaron y comprendieron sus compañeros los jóvenes pintores del momento.
Lo que escandalizó no fue el desnudo en sí, sino el modo de presentación
con vestimentas modernas y un cuerpo femenino vulgar, lejos de la
perfección. Los críticos de hoy dicen que con esta actitud "se hizo
evidente la hipocresía moral de la época." El crítico Ernest Chesneau (que
años después sería el mayor entusiasta de la obra de Manet) escribió lo
siguiente:
"El señor Manet tendrá talento el día en que aprenda dibujo y perspectiva;
tendrá gusto el día en que renuncie a los temas que escoge con miras al
escándalo... No podemos considerar como una obra perfectamente casta el
sentar en el bosque, rodeada de estudiantes con boina y gabán, una joven
vestida solamente con la sombra de las hojas... El señor Manet quiere
alcanzar la celebridad asombrando a los burgueses."
Sin embargo, pese a la aparente unidad del grupo, cada figura es una
entidad separada, absorta en su propia actitud o meditación, de manera que
ningún tipo de conexión narrativa puede explicar el conjunto. Y esta
sensación de ruptura hace que el cuadro parezca desintegrarse en una
especie de collage de partes independientes que sólo por un instante se
agrupan gracias a su parecido, prestado, con el orden renacentista.
Olympia, 1863Pero más escandalosa todavía fue la Olympia, pintada en 1863
pero no presentada al Salón hasta 1865, donde naturalmente fue rechazada.
Entre las razones por las que este cuadro iba a resultar chocante no son
las menos importantes el hecho no sólo de que es una clara parodia de una
obra renacentista (la Venus de Urbino del Tiziano), sino también una
flagrante descripción de los hábitos sexuales modernos.
Manet sustituye en él a una diosa veneciana del amor y la belleza por una
refinada prostituta parisina. Pero lo que realmente desconcertó a los
críticos de la época es que Manet no la sentimentaliza ni la idealiza, y
Olimpia no parece ni avergonzada ni insatisfecha con su trabajo. No es una
figura exótica o pintoresca. Es una mujer de carne y hueso, presentada con
una iluminación deslumbrante y frontal, sobre la que el pintor muestra un
perturbador distanciamiento que no le permite moralizar sobre ella.
Ambas obras entusiasmaron a los pintores más jóvenes por lo que suponían de
observación directa de la vida contemporánea, por su naturalidad y por su
emancipación técnica, y Manet se convirtió así, casi sin quererlo, en el
personaje principal del grupo que se reunía en el Café Guerbois, la cuna
del Impresionismo.
En 1867, hacia la época de la Segunda Exposición Universal en París, Manet,
muy desalentado por su mal recibimiento en el Salón oficial, decidió seguir
el ejemplo de Courbet unos años antes y dispuso, con su propio dinero, un
pabellón donde presentó cerca de cincuenta obras sin, desde luego, ningún
éxito público.
En el prólogo del catálogo es muy probable que le ayudara su amigo el
novelista Zola porque, de hecho, para su pintura durante toda la década de
1860, Manet contó con el apoyo escrito de Zola desde su puesto de crítico
de arte para la revista semanal L'Evenement. Bajo estas circunstancias
Manet pintó de él en 1867-68, un retrato a la vez extraño y programático.
Ningún pintor del grupo impresionista ha sido tan discutido como Manet.
Para algunos, fue el pintor más puro que haya habido jamás, por completo
indiferente ante los objetos que pintaba, salvo como excusas neutras para
situar un contraste de líneas y sombras. Para otros, construyó simbólicos
criptogramas en los que todo puede ser descifrado según una clave secreta,
pero inteligible. Para algunos, Manet fue el primer pintor genuinamente
moderno, que liberó al arte de sus miméticas tareas. Para otros, fue el
último gran pintor de los viejos maestros, demasiado enraizado en una
multitud de referencias histórico-artísticas.
Algunos creen todavía que fue un pintor de deficiente técnica, incapaz
completamente de conseguir una coherencia espacial o compositiva. Otros
piensan, por fin, que fueron precisamente estos "defectos" los que
constituyeron su deliberada contribución a las drásticas y enormemente
fructíferas transformaciones que introdujo en la estructura pictórica.
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"NO SUFRO LA LOCURA....LA DISFRUTO CADA MINUTO" |
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LolaM.
Forero Mayor   Mensajes: 126 Registrado: 13/3/2008 Estado: Desconectado
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enviado el 4/5/2008 a las 11:12 |
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kristal
Forero Mayor   Mensajes: 1333 Registrado: 26/12/2007 Estado: Desconectado
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enviado el 4/5/2008 a las 09:44 |
Hablamos mucho de técnica , dibujo y las perspectivas y.... yo estoy en la
tarea de áprender todo eso, pero anoche leyendo , me encotré con esto de
Manet.
La importancia de la obra de Manet estribaba en su nueva manera de
enfrentarse a los motivos narrativos, que para él tenían la misma
importancia que los procedimientos técnicos. Su obra supuso una verdadera
revolución técnica al atentar con la consagrada pintura académica en cuanto
al tratamiento del dibujo ,el color la perspectiva y las luces. Renunciaba
al modelado creando cuerpos casi planos con una iluminación clara y
frontal.
Su pincelada suelta contraponía violentamente masas de color claras y
oscuras , sin gradaciones. Renunciaba a las leyes de la perspectiva
renacentista, anulando el efecto de profundidad espacial, que provocava una
falta de integración entre las figuras, que parecián como sobre puestas.
Fuente : Breve historia de la pintura por Paz García Ponce de León
¿ Entonces ? hoy en día ¿ Manet es un genio por lograr que sus pinturas
fueran algo creando sus propias reglas ?
¿Elijió esa forma por no saber dibujar y la salió bien ?
¿ O ? ¿ hay algo más ? ____________________ Mi galería
No pretendas encontrar, ni tan siquiera una aprediz de pintora. Solo
alguien que disfruta garabateando un lienzo.
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kristal
Forero Mayor   Mensajes: 1333 Registrado: 26/12/2007 Estado: Desconectado
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enviado el 2/5/2008 a las 20:41 |
No había
vissto nunca ese cuadro que has puesto Pepa , pero no me gusta....... ____________________ Mi galería
No pretendas encontrar, ni tan siquiera una aprediz de pintora. Solo
alguien que disfruta garabateando un lienzo.
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Pepa
Forero Mayor   Mensajes: 1671 Registrado: 21/10/2006 Estado: Desconectado
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enviado el 2/5/2008 a las 20:11 |
El espárrago
...Manet expulsa de sus cuadros todo valor que sea ajeno a la
pintura como tal, muestra cierta indiferencia frente a la significación del
tema. Pinta igual un suceso cargado de sentido, como la muerte de un
torero(El torero muerto), que una modesta hortaliza(El espárrago), como ha
dicho Teresa, esta indiferencia frente al tema lo hizo especial. Si os
fijais en los dos cuadros podreis ver que la posición es idéntica y el
formato...incluso es similar el monocromatismo. Se dijo de Manet que
inauguró una "era de silencio" en la pintura que llegó a durar cien años.
Fué un hombre de elegancia parisina y timidez moral, no solo fué uno de los
mayores pintores de su siglo...encabezó una rebelión sin precedentes en la
historia de lal pintura. ____________________ MiGaleria
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Melip
Forero Mayor   Mensajes: 1614 Registrado: 8/10/2006 Estado: Desconectado
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enviado el 2/5/2008 a las 15:39 |
El 2003 tuve la ocasión de visitar la exposición que se hizo en el Museo
del Prado, titulada "Manet en el Prado". Entre los cuadros que se podían
contemplar figuraban estos dos que pongo, pues fueron de los que más
llamaron mi atención.
En la estación, el ferrocarrilrepresenta la estación de Saint-Lazare
que podía verse desde el estudio que tenía el pintor en la calle Saint
Petersburg.
Las modelos empleadas fueron Victorine Meurent - de regreso en París tras
una romántica escapada a América - y Suzanne, la hija del pintor Alphonse
Hirsch, en cuyo jardín fue realizada la obra, a excepción de los detalles,
que se ejecutaron en el estudio; por lo tanto, se puede considerar esta
escena como casi plenairista, siguiendo los dictados del
Impresionismo. Las dos figuras aparecen en primer plano y sus siluetas se
recortan sobre el humo blanco del tren y los barrotes. Victorine abandona
la lectura para mirar al espectador, mientras la pequeña continúa
observando la entrada del tren en la estación, mostrándose de espaldas. El
interés por los contrastes de colores claros y oscuros sigue presente en la
producción del artista, acentuados por la eliminación de las tonalidades
intermedias. Su alta calidad como dibujante le permite mostrar las dos
excelentes figuras, empleando una pincelada algo más suelta que de
costumbre, aunque continúa interesándose por los detalles: el libro, el
perrito, las flores del sombrero o los pendientes de ambas. Tras la verja
aparecen las vías, las señales y los edificios a través del vapor,
creándose así un interesante efecto atmosférico.
Bar del Folies-Bergère El tema será uno de los favoritos de los
impresionistas, como Degas o Toulouse-Lautrec: el café, el cabaret, el bar
y la noche de París. El Folies Bergère era uno de los numerosos
cafés-concierto de la noche parisina. Situado en Montmartre, había sido el
cabaret preferido por la clase proletaria, pero pronto se puso de moda
entre la burguesía, que encontraba allí emociones diferentes y algunas
prostitutas.
La modelo era una de las dos camareras del local llamada Suzon - que posó
para el pintor en su estudio, de donde apenas podía moverse debido a su
enfermedad - y el cliente que vemos reflejado en el espejo sería el pintor
Gaston Latouche. El cuadro es en su mayor parte tan sólo el reflejo de un
gran espejo tras la camarera, que impide que la mirada del espectador
profundice en la escena, y que lo devuelve con fuerza hacia el exterior. El
espacio es angosto, oprimido por la presencia de la barra; ante la
camarera, de mirada vacía, perdida, agotada y sin ningún interés, se
encuentra la figura del cliente, que sólo apreciamos en el reflejo. El
cliente, igual que el espectador, parece estar entablando una negociación
con la camarera, una de las atracciones de la sala. En primer plano se
puede contemplar una naturaleza muerta, relacionada completamente con la
vida moderna. En cuanto a la técnica pictórica, el repertorio del
Impresionismo está detallado al máximo: intención de modernidad,
fascinación por el mundo urbano, inmediatez de la escena en pro de la
objetividad, color fluido en largas pinceladas yuxtapuestas...
Su amigo Jenniot dijo respecto a este cuadro:"Cuando volvía París, en
enero de 1882, mi primera visita fue para Manet. Pintaba entonces el bar,
en el Folies Bergére, y la modelo, una hermosa mujer, posaba detrás de una
mesa llena de botellas y vituallas... Manet, aunque pintaba sus cuadros
con modelo, nunca copiaba exactamente del natural; me di cuenta de sus
magistrales simplificaciones. Todo estaba abreviado; los tonos eran más
claros, los colores más vivos y los valores más próximos. Todo ello formaba
un conjunto de una armonía tierna y rubia... Manet dejó de pintar para ir a
sentarse en el diván. Me dijo cosas como ésta: La concisión en el arte
es una necesidad y una elegancia... En una figura hay que buscar la
gran luz y la gran sombra; el resto vendrá naturalmente". ____________________ Amelia P.
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kristal
Forero Mayor   Mensajes: 1333 Registrado: 26/12/2007 Estado: Desconectado
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enviado el 30/4/2008 a las 13:28 |
EN LA PLAYA 1873
Óleo sobre lienzo
Musée d´Orsay, París ____________________ Mi galería
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alguien que disfruta garabateando un lienzo.
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