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Autor: Tema: Lo español en pintura está en un respeto por el mundo, en cierta hondura moral

Forero Mayor





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  enviado el 30/4/2008 a las 13:03

Lo español en pintura está en un respeto por el mundo, en cierta hondura moral»
ANNA GRAU E. ESPECIAL BOSTON.
El Museo de Bellas Artes de Boston inauguró el pasado 12 de abril dos exposiciones de arte español codo con codo: una que transita de El Greco a Velázquez, otra sobre Antonio López. En su cuarta aparición en EE.UU., la primera en la que da el salto que va de la galería privada al museo público, a entrarle por los ojos a la Historia, Antonio López se lo tomó con mucha calma y no poca humanidad. Él era el único que no estaba de los nervios cuando a la inauguración comparecieron los Duques de Palma, a los que como un ángel de la guarda escoltó de cuadro en cuadro, mientras media familia Kennedy y el todo Boston asistían fascinados a lo que debió parecerles casi la reencarnación de las Meninas: una Infanta española aprendiendo de su pintor (lo es de toda la Familia Real) a mirar un cuadro. Parecía que el tiempo y el arte no hubieran pasado. Que un ininterrumpido siglo de oro secreto asomara la cabeza. Antonio López es el primero en esta entrevista en admitir que sí, que hay para tanto: que aún existe un arte español que aspira a lo más alto y a lo más hondo. «Yo no soy el único», insiste. Pero sí el primero que consigue transportar intacta a Nueva Inglaterra la luz de un domingo por la mañana en Atocha. Y que en Nueva Inglaterra la reconozcan al instante. ¿Por qué? Dice el pintor:
-El arte debe ser inteligible a través del tiempo y en cualquier lugar. Sólo así podemos comunicarnos con una expresión de arte egipcio, por distante que sea. A mí me resulta muy interesante ver aquí mi trabajo, ver mostrada en América una pintura tan española, tan europea, pero considero que así es como debe ser, eso debe ser lo natural. Tiene que haber un arte así.
-¿Qué es un arte así?
-Pues ese arte que no necesita demasiados guiones o manuales de instrucciones.
-En algún momento usted habrá tenido que hacer frente a dudas, a cuestionamientos. Por ejemplo, al optar por ser figurativo y realista cuando la moda no era esa.
-Tú no eliges las cosas. Es verdad que no estaba tan seguro de mí mismo entonces, pero tampoco lo estoy ahora. A lo mejor es que no hay que estarlo. Hay que entregar tu vida, hacer las cosas porque te gusta hacerlas, sin saber qué va a pasar. Si tienes suerte, encuentras un apoyo. Ese apoyo yo lo he encontrado. ¿En qué medida? Pues la suficiente como para poder vivir de este trabajo de una manera digna. Tampoco hay que pedir mucho más, oiga. ¿Que Picasso ha conseguido más? Pues mejor para él.
-¿Parecía que para entender la gran pintura española, de Velázquez se saltaba a Picasso y tira porque me toca, y ya está?
-Sí, pero en cambio cuando yo me formé nadie hablaba de Picasso, no existía para nadie. Existía para mí, porque yo me interesé por él y le busqué, pero entonces no se hablaba de él en España ni había cuadros suyos en ningún museo. Nadie estaba por la labor.
-Pero esta doble exposición en Boston, por un lado el recorrido de El Greco a Velázquez, por el otro usted... parece sugerir que esa es la línea «dinástica», así se asegura la continuidad.
-Eso es una opción de ellos. Podían haber elegido a Chillida o a Tàpies y tendría el mismo espíritu de lo que se considera lo español básico, que a estas alturas ya no creo que resida en ser figurativo y pintar Madrid o Tomelloso, sino en tener ese tono que tiene lo español del siglo XVII, ese respeto por el mundo, esa hondura moral. Yo creo que eso en mi generación lo tienen bastantes pintores, también no figurativos.
-Pero le han elegido a usted.
-Y yo estoy muy contento y me parece muy bien, claro. Pero insisto, podrían haber elegido a otros sin quebrar el principio. No vale todo porque también existe arte español y bullanguero, pero lo que intentan acreditar aquí es que tres siglos después hay quien mantiene aquel espíritu, aquel tono, para que la vida siga pasando al arte de aquella manera.
-Usted pinta un mundo que al ojo americano le debería resultar completamente ajeno y que en cambio le llega en línea recta, casi milagrosamente. He oído a espectadores de sus obras compararlas con Hopper.
-Yo creo que alguien tiene que trabajar para que el arte llegue a todo el mundo. Ese era el ideal del arte antiguo, construir una gran casa donde entran todos. El arte del siglo XX prescindió en gran medida de esa especie de obligación de llegar a todos, como cuando Mozart decía que él hacía música para todos los oídos.
-Ser moderno es ser algo más endogámico.
-Pero es que esto tampoco se elige. El arte plástico del siglo XX, a diferencia de la literatura que sigue siendo para todos, y no digamos el cine, se ha vuelto muy elitista. Pero eso no ha sido un capricho, ha sido necesario que eso fuera así, porque era la única manera de expresar sentimientos absolutamente personales. Entonces se han perdido unas cosas y se han ganado otras. Se ha perdido ese lugar de todos, ese gran arte integrador, el de Fidias, Miguel Ángel, Leonardo o Velázquez, un arte que unos entienden mejor y otros peor, pero donde todos pueden comunicar, a todos les llega una parte de aquello. Eso se ha perdido para dar paso a un arte muy individual. Para que Giacometti sea absolutamente Giacometti tiene que prescindir de muchas obligaciones con los demás. Y, como se puede hacer, porque la pintura y la escultura son artes que haces tú en tu estudio, no necesitas promotores o capital inicial como el que hace falta para poner en marcha a una película, que si no gusta a todo el mundo pues no se hace, pues se ha creado ese maravilloso espacio en el siglo XX, ese espacio para el arte absolutamente privado. ¿Que ahí no entran más que diez? Pues para diez. Y si son mil, mil; pero sobre todo, sin pensar en eso. El propio Van Gogh no gustaba en su época. Por ahí van las cosas.
-Hábleme de su muestra en Boston. ¿Qué le sobra, qué le falta?
-A mí siempre me sobran cosas, siempre...Cuando me acusan de ser lento, yo siempre pienso, más lento debiera ser todavía... Pero lo cierto es que en este caso he quedado muy contento. Ellos han contado mucho conmigo, porque yo, a diferencia de El Greco, no estoy muerto, estoy vivo, y se podía contar. Pero es que además estoy muy satisfecho con lo que veo.
-¿Y qué es lo que ve?
-Pues el peso de la vida. El peso y la fascinación. Son dos cosas que van juntas en mi mirada. Me fascina lo que veo y me pesa. No es pesadumbre, atención, es peso. Una ciudad pesa. No es un cuadro de Monet. Es algo muy físico, muy planetario, la luz del sol unida a la tierra y a todo lo que el hombre construye sobre ella crea algo que atemoriza a veces. Yo he visto aquí todas esas sensaciones pasadas a mi trabajo. Tú día a día vas vertiendo, como la abeja liba y hace su miel. Mi miel está hecha así, con esas sustancias básicas. Es triste, no es triste del todo, no es alegre... un poco como yo siento la vida. De ahí sale todo.
-Hábleme de «Noche y Día».
-Yo nunca he podido dejar de trabajar sobre el tema de los niños. Es lo que más me ha atraído. ¿Por qué? Ayer cuando veníamos en el avión, en ese largo vuelo de ocho horas, un niño que no tendría más de un año se fijó en una de mis nietas y se acercó a ella. Estaba fascinado, le arrimaba la mano a la cara... Ahí está el misterio del mundo. El misterio de la verdad. Y luego está la carne. Esas son las palabras mayores para mí. Y por supuesto el amor, el amor-fascinación. Otros trabajan desde la crítica, desde el sarcasmo. Yo me acerco al mundo así.
-¿Como un explorador de la empatía?
-No lo había pensado... No me tire usted tanto de la lengua. Estas cosas es mejor sentirlas y hacerlas, no pensarlas. Dios nos libre a los autores de tener que explicar demasiado nuestras obras.
-Es que parece usted un radar que todo lo capta y lo devuelve magnificado, con una especie de temeraria generosidad.
-¿Y no hay que ser así? ¿No es para eso para lo que estamos? El político estará para otras cosas. Ojalá le guiara eso también, tendríamos mejores políticos, mejores guías.

 

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