Dolo - 19/4/2008 a las 14:55
Hace tres años estube visitando el monasterio de Guadalupe en Cáceres, en
el cual se encuentra parte de la obra de Zurbarán, al ver este hilo me he
interesado por su biogafía y esto es lo que he encontrado.
He de decir que me parece una idea estupenda, de otra forma igual no me
hubiera interesado por la vida y obra de algunos genios de la pintura.
Zurbarán, Francisco de
Nacionalidad: España
Fuente de Cantos 1598 - Madrid 1664
Pintor
Estilo: Barroco Español
Escuela: Barroco sevillano , Escuela Española
Zurbarán fue un genial pintor de la época barroca española. Vivió durante
el siglo XVII, es decir, en el primer Barroco. Fue coetáneo de los grandes
pintores del Siglo de Oro, como Velázquez, Murillo, Ribalta y Ribera. Su
estilo se mantuvo prácticamente invariable, mientras que el de los
anteriores iba evolucionando. Esta inmovilidad fue durante varias décadas
el secreto de su éxito, pero terminó por condenar su carrera artística.
Hijo de un comerciante o tendero, nació en Fuente de Cantos (Badajoz) en
1598. De sus primeros años nada se sabe, aunque podría suponerse que el
padre deseara transmitirle el negocio y, por tanto, lo educara en el mismo.
Sin embargo, en 1614 Pedro Díaz de Villanueva, pintor de Sevilla, lo toma
como aprendiz con 16 años, durante 3 años. Desconocemos los motivos que
llevaron a su padre a inscribirle en este taller, pues lo normal era que
existiera una vinculación familiar con el gremio en el que se desarrollaba
la formación profesional de los jóvenes. Tal vez unas excepcionales dotes
para el dibujo inclinaron a sus progenitores por esta profesión. Cuando
Zurbarán comienza de aprendiz, el panorama artístico de esos años era muy
fértil. Sevilla era una ciudad próspera y la producción de pintura y
escultura marchaba a un ritmo espectacular, apoyado por los encargos de la
clientela religiosa y las ventas de pintura a América (todos los barcos
rumbo al nuevo continente partían de esta populosa urbe). Las principales
personalidades artísticas del momento eran Francisco Pacheco, Juan de
Roelas y Francisco de Herrera, el Viejo. De estos tres, el más importante
sin duda era el taller de Pacheco, quien quería dotarlo de rasgos de
Academia, a la manera italiana. Siendo el taller de mayor éxito,
encontramos en sus jóvenes aprendices a personalidades de la talla de
Velázquez, quien figura en el taller de Pacheco en el año 1610, con 11
años; esto nos indica que cuando Zurbarán se inicia como aprendiz con 16
años, Velázquez, de 15 años, ya lleva estudiando cuatro años. Otro insigne
alumno era Alonso Cano, que consta en el taller Pacheco en 1616, con 15
años. De la nueva generación a la que corresponde Zurbarán tan sólo nos
queda citar en Sevilla a Francisco de Herrera el Mozo, hijo de Herrera el
Viejo. Es algo más joven que los pintores mencionados, pero su estilo se
desenvolvería por caminos similares, siguiendo las enseñanzas de su padre.
Al terminar el aprendizaje, Zurbarán no regresa a su pueblo, sino al
vecino: Llerena. Se establece con 18 años como pintor y al año siguiente
contrae matrimonio por primera vez: ella es una mujer viuda, diez años
mayor, María Páez. Este rasgo se mantuvo en las tres esposas de Zurbarán,
que solían ser mayores que él y de familias acomodadas de comerciantes. Se
casan en 1618 y ella muere en 1623. En 1625 se casará con Beatriz de
Morales, también viuda y mayor que él. La rapidez en el nuevo matrimonio
puede explicarse por la presencia de hijos pequeños de la primera esposa,
que había que criar y educar adecuadamente. Zurbarán mantiene a su ya
abundante familia con los clientes que consigue en su tierra. Sus primeros
encargos para Llerena consisten en pequeñas obras secundarias y en algunos
diseños urbanísticos: una fuente, por ejemplo, para la plaza. Sin embargo
su talento comienza a ser conocido: en 1626 recibe un encargo para el
convento de San Pablo el Real de Sevilla, de nada menos que 21 lienzos. El
gran número de lienzos indica que Zurbarán ya había formado un taller para
satisfacer todos los encargos, y que bajo su dirección trabajaban varios
oficiales y aprendices. De otro modo, al pintor le hubiera resultado
imposible terminar el trabajo a tiempo. Si pensamos que Zurbarán era un
pintor todavía joven y relativamente poco conocido, puede sorprender la
importancia del encargo. Una explicación podría encontrarse en el
competitivo mercado sevillano: la producción de pintura se encontraba
monopolizada en los talleres de los grandes maestros reconocidos (Pacheco,
Roelas, Varela, Legot, Herrera...) y por tanto sus precios eran muy altos.
El joven extremeño poseía la habilidad y los recursos humanos para llevar a
cabo la obra por mucho menos dinero. El precio de los 21 lienzos sumaba un
total de 380 ducados. Como comparación mencionaremos que tan sólo tres años
más tarde, afincado ya en Sevilla con su taller, Zurbarán cobró por 22
lienzos la cifra de 1.500 ducados. ¿Por qué Zurbarán aceptó un precio tan
bajo? Toda la comarca del sur de Extremadura estaba bajo influencia
sevillana; todos los encargos se encomiendan a artistas sevillanos. El
encargo de los 21 lienzos provenía de los dominicos, que eran una de las
Órdenes más poderosas de Sevilla. Zurbarán no cobraba el trabajo sino la
posibilidad de penetrar en el hermético mercado sevillano. En este primer
encargo de importancia encontramos los rasgos tempranos de su estilo:
torpeza en las perspectivas, falta de coherencia espacial, prodigiosa
capacidad para reproducir los materiales, intensidad expresiva en los
rostros, delicadeza cromática, rico colorido, gran variedad de blancos...
Se ha dicho que Zurbarán era increíblemente desmañado a la hora de
construir los espacios, y esto se mantendrá constantemente en su pintura.
La abundancia de personajes le bloquea y se muestra incapaz de ordenarlos
coherentemente en un espacio realista. Las leyes de la perspectiva y la
proyección geométrica descubiertas en el Renacimiento se le resisten, por
lo que sus espacios carecen de profundidad u orden. Estas carencias las
compensa con las otras características: su minuciosidad consigue plasmar
telas, cacharros, cabellos, pieles, como si pudieran palparse, tan reales
como la vida. Los rostros son penetrantes, animados, diferentes por
completo a las expresiones acartonadas de otros pintores de su taller o de
la propia Sevilla. Por último, poseía una particular concepción del color,
que le llevaba a colocar juntos colores que tradicionalmente se
consideraban contrarios, pero que bajo su mano parecían armónicos. Recurrió
a gamas brillantes y alegres, poco frecuentes, como los púrpuras, morados,
verdes esmeralda o amarillos limón. De los 21 lienzos de este importante
encargo se conservan varios: la Curación milagrosa de Reginaldo de Orléans,
Santo Domingo en Soriano, y tres Padres de la Iglesia, San Gregorio, San
Ambrosio y San Jerónimo. El año siguiente a este trabajo, 1627, pinta el
maravilloso Crucificado del Art Institute de Chicago. En él se enfrenta y
apropia del decálogo del Naturalismo tenebrista. En efecto, este estilo del
Barroco italiano caló profundamente en la sensibilidad pictórica de
Zurbarán, quien lo adoptó como estilo propio a lo largo de su carrera. La
obra de mayor referencia para Zurbarán fue la de Caravaggio por un lado;
por otro, la llegada a Osuna de un cargamento de lienzos que había
encargado el duque de Osuna le hizo conocer la obra de Jusepe Ribera, el
Españoleto, protegido del duque, con quien encontramos las mayores
consonancias estilísticas. En 1628, Zurbarán aún aparece como vecino de
Llerena, pero residente en Sevilla. Ya tiene claro que su objetivo es la
capital: este mismo año firma el contrato para 22 lienzos en el convento de
la Merced Calzada, comprometiéndose a pintar todo aquello que el padre
comendador le ordene: le suministraron textos e ilustraciones, para que se
ajustara a la ortodoxia, interpretándola. Es decir, las posibilidades
creativas de Zurbarán prácticamente no estaban contempladas en aquel
momento. No se pedía a los pintores que fueran originales sino que
trabajaran para sus clientes, siendo éstos los que verdaderamente concebían
el cuadro en su imaginación para que el pintor lo llevara a cabo. En 1629
parece evidente que Zurbarán se va a establecer en Sevilla, contrariamente
a todas las leyes municipales. Para apoyarle, se extiende una petición del
cabildo municipal que diera pie al establecimiento de Zurbarán en Sevilla.
La petición se firma en el mes de junio y, en septiembre, el maestro
aparece ya como pintor de la ciudad. Al año siguiente, 1630, los alcaldes
del gremio de pintores exigen que Zurbarán se someta a los exámenes y
controles establecidos para ejercer la pintura. El control gremial era
poderosísimo, de ahí la importancia de que Zurbarán fuera apoyado
previamente para saltarse las normas. Ante la instancia del gremio,
Zurbarán pidió apoyo al cabildo. Alonso Cano, de fogoso temperamento,
exigía por escrito que se cumplieran las ordenanzas. El cabildo, sin
embargo, protegió a Zurbarán y el examen no se llevó a cabo. De esta
manera, Zurbarán se convertía en vecino de pleno derecho de Sevilla. El
prestigio adquirido tras esta trifulca llevó al pintor a rechazar encargos
menores que le llegaban de la periferia, ciudades pequeñas con menor poder
adquisitivo. Las obras que le pedían las encargaba a sus oficiales, por lo
que el taller de Zurbarán dejó su huella en toda la comarca andaluza. El
taller de cada maestro tenía su forma particular de pintar, que podía o no
estar de moda, pese a seguir un estilo común. Los modelos que se
practicaban en el taller de Zurbarán dependían normalmente de estampas y
dibujos ajenos, brindados por los comitentes del lienzo, que normalmente
resultaban ser teólogos. Uno de los temas de mayor éxito era el de Cristo
en la cruz. Casi todos los Crucificados son de cuatro clavos en este
momento, por influencia del prestigioso taller de Pacheco (podemos ver como
ejemplo el Cristo de Velázquez). Otro tema predilecto de Zurbarán era el de
los corderos trabados: funcionaban como símbolos del sacrificio pascual. El
blanco de su lana encarna la pureza y la victoria de la vida sobre la
muerte. Pero al mismo tiempo eran bocetos y estudios preparatorios para
lienzos de mayor tamaño que incluían corderillos como motivos secundarios.
Estos modelos contribuían cada vez más a incrementar la fama de Zurbarán,
hasta el punto de que en 1634 Velázquez sugiera a la Corte madrileña (de la
que se había convertido en pintor del rey) que le llame para colaborar en
la decoración del Palacio del Buen Retiro, mandado levantar por Felipe IV.
Se encargó de los Trabajos de Hércules (10 en lugar de 12, porque sólo se
disponía espacio en las sobrepuertas del Salón de Reinos para 10) y 2
lienzos sobre el Socorro de Cádiz (1 perdido). Estos dos lienzos se
inscribían en una serie de batallas famosas, entre las que se cuentan por
ejemplo Las Lanzas de Velázquez, junto a obras de Carducho, Cajés, Maíno y
otros. Como ya se ha mencionado, de los dos lienzos de Zurbarán tan sólo se
conserva la Defensa de Cádiz. Tras este trabajo, en 1634 regresa a Sevilla
y en la documentación de algún encargo posterior figura como "pintor del
rey".Tantos éxitos favorecieron su introducción en el mercado
trasatlántico. Su comienzo en la exportación a América tuvo principalmente
razones económicas, puesto que los lienzos conseguían unos precios altos,
lo cual compensaba el enorme riesgo de la transacción: por un lado que el
barco llegara a puerto sin contratiempos para la mercancía; por otro, que
los lejanos clientes cumplieran con los pagos estipulados. Ejemplo de estos
riesgos comerciales lo constituye la primera remesa de cuadros que Zurbarán
envió a América, completamente perdida. El capitán del navío, Mirafuentes,
los desembaló y adornó con ellos el barco durante una fiesta en plena
travesía. Era una serie de vírgenes santas: aspecto hermoso y juvenil,
engalanadas con lujosos trajes, muy apropiado para la fiesta. El
desembalaje y la fiesta posterior provocaron daños irreparables en los
lienzos, que jamás fueron cobrados por el pintor. Sin embargo, en otros
casos tuvo más éxito. Zurbarán recibía abundantes encargos en esta época,
incluso se le encomendó la decoración de un barco en 1638, para una fiesta
que iba a celebrarse en el Buen Retiro de Madrid. Este mismo año de 1638
firmó uno de los contratos más cruciales para nuestro conocimiento de
Zurbarán y el arte del momento: la serie conventual del monasterio de
Guadalupe. Lo que la hace única es que se ha conservado intacta in situ,
siguiendo la colocación original del siglo XVII. El ciclo estaba dedicado a
la Orden jerónima y a su vinculación tradicional con la Corona española.
Los lienzos tenían un carácter histórico-legendario. Su estilo se parece
más que nunca al de Ribera. En esta plenitud, en 1639 muere su esposa
Beatriz. La obra de los años siguiente refleja lo visto y aprendido en
Madrid, especialmente composiciones de Bartolomé y Vicente Carducho, así
como el color y el paisaje atmosférico de Velázquez. La década de 1640-1650
se inicia con un declinar de los encargos de importancia: se produce una
crisis económica general en toda España, a lo cual se añade una sublevación
en Andalucía, capitaneada en vano por el duque de Medina Sidonia en 1641.
Esta crisis fuerza a los pintores a volcarse en mercados alternativos.
Aumentan las series para América, lo que provoca una industrialización de
los modelos con mayor intervención del taller; se fabricaban santos
estereotipados casi en serie, con modelos de baja originalidad e incluso
mediocre calidad. Proporcionaban más beneficios, pero eran más arriesgados.
Los conventos americanos sentían verdadero fervor por lo llegado de España.
Los principales destinos donde encontraremos obra de Zurbarán serán Nueva
España, Perú (especialmente su capital, Lima), Antigua (Guatemala), Buenos
Aires (Argentina). Las series no son sólo religiosas, sino con frecuencia
tienen motivos profanos. Esto se debe a que los clientes no eran sólo
conventos sino también altos funcionarios de colonias, mineros
enriquecidos, comerciantes indianos... Estos clientes piden series de
apostolados, césares, patriarcas, santos fundadores, los infantes de Lara,
vírgenes santas, ángeles, reyes, hombres célebres. No todas las series
repiten los mismos modelos ni constan del mismo número de lienzos, pero
poseen características comunes. Las santas vírgenes resultaban muy
atractivas. Son figuras femeninas representadas en actitud de marcha,
colocadas a lo largo de los muros de la nave del templo como si fueran una
procesión celestial hacia el altar. A veces giran sus bellos rostros hacia
el fiel, con familiaridad o coquetería. Pueden incluir retratos a lo
divino: damas nobles que desean ser representadas bajo el aspecto de su
santa favorita o de aquélla que les da nombre. Los infantes de Lara, otra
serie muy solicitada, son de temática singular y poco frecuente: trata de
la sangrienta leyenda castellana del asesinato de los siete hijos de don
Gonzalo Bustos de Lara, vengados por su hermano bastardo Mudarra. En 1644
se produce el tercer y último matrimonio de Zurbarán, con Leonor de
Tordera, joven ideal para cuidar su casa y su patrimonio (ella tenía 28
años, él 46). Al tiempo, su hijo Juan de Zurbarán se establece como pintor,
siguiendo los modelos de su padre y colaborando con él. Pero un hecho
terrible viene a acentuar la crisis sevillana y la de Zurbarán
particularmente: en 1649 se produce una epidemia de peste que redujo la
población de Sevilla a la mitad. En ella murieron casi todos los hijos del
pintor, incluido Juan. Las circunstancias adversas se agravaron por un
cambio de estilo abanderado por Murillo, que había comenzado a acaparar los
encargos más interesantes. Tal vez fuera ésta la razón por la que Zurbarán
comienza a plantearse cambiar su lugar de residencia. De este modo, parece
que entre 1650 y 1652 realiza un viaje a Madrid, no documentado. Lo que sí
es patente es que se produce un cambio de estilo durante este bienio: gusto
por el sfumato, el modelado más blando, la delicadeza... Tal vez influye el
nuevo estilo de jóvenes artistas que triunfan en Sevilla: Murillo y Herrera
el Joven, que representan el Barroco triunfal, exitoso no sólo en Sevilla
sino también en Madrid. Definitivamente el pintor se traslada a Madrid en
1658 y busca la protección de Velázquez, a cuyo favor "adorna" la realidad
cuando da testimonio sobre el pintor en su proceso para acceder a la Orden
de Santiago. De esta manera, esperaba y probablemente conseguía que
Velázquez le recomendara para posibles trabajos. Son los últimos años del
pintor, llenos de interés. Su estilo se hace delicado e íntimo, con
pincelada blanda y aterciopelada, colorido luminoso y transparente,
centrado en la clientela particular: temas de devoción privada y cuadros de
dimensiones menores. Los grandes lienzos que se pagan en Madrid son de mano
de Carreño y Rizzi. De 1658 a 1664, los últimos años de su vida, se muestra
la obra más pura de Zurbarán, sin la intervención de sus oficiales, puesto
que no traslada su taller de Sevilla a Madrid. El 27 de agosto de 1664
muere. En su testamento se aprecia un nivel medio-alto de vida,
posibilitado por su dedicación al comercio en sedas y adornos para textiles
de los últimos años. Se liquidaron los lienzos que permanecían en su poder,
las casas, etc. Se encontraron 50 estampas en su taller, pero ni un sólo
libro. Sus herederas fueron dos hijas supervivientes. Se le enterró en el
convento de Agustinos Recoletos de Madrid, sito en los terrenos de la
actual Biblioteca Nacional. Los temas que trató a lo largo de su vida
Zurbarán fueron lienzos religiosos oficiales, lienzos de devoción o
profanos para particulares y retratos. Entre las iconografías destacan sus
Inmaculadas Concepciones, una devoción muy defendida en la España del XVII.
También las Vírgenes niñas o dormidas, las Sagradas Familias de la Virgen,
poéticas, casi sentimentales, con visiones de la cotidianeidad de la España
del momento. Otro tema de éxito fueron las imágenes de Jesús, niño o
adolescente, los Crucificados de cuatro clavos y dos tipos: muerto con la
cabeza ladeada, vivo con la cabeza alzada. Zurbarán sentía a título
personal una gran predilección por los San Franciscos, meditando, rezando,
con calaveras o muerto. Este gusto lo comparte con El Greco y tal vez da
una idea del sentimiento vital y espiritual de este pintor que abarcó gran
parte del siglo XVII, mostrando a un tiempo las dependencias del Barroco
respecto a otros estilos anteriores y las novedades que marcaron su
decadencia pasado 1640.
Cereta - 19/4/2008 a las 15:03
kristal - 19/4/2008 a las 16:03
Gracias
Dolo, voy a poner uno de sus cuadros . Esta en Llerena un pueblo de
Badajoz.
Lo pintó en1636 sus medidas 236x173, lo podeís ver en la iglesia de
Nuestra Señora de Granada

kristal - 6/5/2008 a las 10:49
Estaba
esperando ir a tomar la foto pero....
Es del banco de imágenes del Ministerio de Educación y Ciencia
La estatua que tenemos en Badajoz de Zurbarán , esta en la plaza de
Cervantes o San Andrés como la conocemos todos los pacenses

kristal - 6/5/2008 a las 11:25
Esta es la casa museo que hay en su pueblo, Fuente de Cantos. Aunque
investigaciones recientes demuesstren que Zurbarán no nació en ella.
Luis , padre del pintor compró una serie de casas al llegar al pueblo y
las vendió cuando marchó definitivamente a Llerena.
Pepa - 6/5/2008 a las 14:18
Zurbarán fué un adelantado de la vanguardia. Quizá fué un pintor del
Barroco sin saberlo. No viajó por Europa, no conoció la nueva pintura
italiana. Es cierto que su decadencia empezó cuando Murillo irrumpió en el
escenario de la competición y esto lo obligó a trabajar para la
aristocracia americana...y morir entre estrecheces.
...
Agnus Dei...este es uno de los cuadros que mas me gustan de Zurbarán. Está
entre el ejercicio de estilo y la lección moral y por
supuesto...admirablemente pintado. Aquí exhibe su especialidad mas
celelbre...las calidades de sus blancos, ya sean de hábitos cartujos, de
cacharros de loza o de la piel de lanuda de un cordero. Creo que no hay
pintor de su tiempo tan sabio en el empleo de este no-color, el mas sobrio
de la paleta, y él lo gradúa en una gama que va del plata al hueso, del
yeso al marfil, de la lana al pan, del papel al mantel...como en la Santa
Faz.
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