Tema: Por y para quiene luchamos por la libertad

Pecado - 22/6/2007 a las 11:10

http://www.youtube.com/watch?v=F1jgdBJVr4A

Cierra los ojos, dale al play, imagina un mundo, el nuestro, cargado de belleza y solemnidad, puro, cómo recién creado, ávido por conocer, impaciente por sentir, un mundo que nos enseña algo: la capacidad para renovarse, para volver a nacer. Imagina que ese mismo espíritu aflora ahora desde tu interior, o mejor dicho, no lo imagines, despiértalo! Está dormido. Despiértalo! Y ahora siente que eres parte de este mundo majestuoso, que tu cuerpo y mente se apagan lo mismo que el sol en el horizonte, que la noche los envuelve con su suave brisa y tu espíritu, aquel que dormía, es uno sólo con el mundo y el mundo consigo. Entonces sentirás que la muerte es tan maravillosa cómo la vida. Y dormirás. Abre los ojos pero no despiertes. Äbrelos con cuidado, despacio, lentamente, pero no despiertes. Tu espíritu querra volver a esconderse en tu interior. No lo permitas o te perderás el milagro. Ahora el sol vuelve a renacer y todas las maravillas de este mundo se complacen por ello. Ha amanecido. Abre los ojos, ábrelos bien y sigue soñando...


maritus - 22/6/2007 a las 11:20

Un maravilloso mundo. Besos


igancio - 22/6/2007 a las 14:53

A ver si lo hago bien:

Cierro lo ojos, le doy al play (bueno, los he abierto un poquitín para no confundirme de tecla), me acerco al ordenador a poner tu vídeo de YouTube y me siento en el sofá. No vuelvo a cerrar los ojos por ahora porque tengo que ver el vídeo.

Antes he puesto un CD en la bandeja. Se trata del doble concierto para violín y cello en A menor de Johannes Bramhs (op. 12.), con la Filarmónica de Viena dirigida por Leonard Berstein, Gidon Kremer al violín y Mischa Maisky al cello.

Mientras discurren cuan segundos perezosos las imágenes del vídeo, el exquisito 1º movimento del concierto fluye armoniosamente dándoles un realce especial. El agua parece ahora más azul y cristalina. La densa y espesa vegetación de los bosques de un verde más saturado. El cielo y el mar desprenden en su confluencia tintes de púrpura y escarlata nunca antes apreciados por ningún mortal. Un estado mágico y sublime que quiero dilatar en el tiempo.

El vídeo se ha acabado pero el concierto sigue. Ahora sí cierro los ojos y dejo que sean tan sólo mis oídos los que lleven el preciado elixir hasta mi cerebro, que, adormecido por semejante exquisited, parece no escuchar a mi mujer que me está mandando bajar el volúmen. Se rompe el hechizo pero algo queda. Me quedo pensando: Cuando el ser humano se lo propone... ¡Cuánta belleza es capaz de crear!


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